Entrevista a Alfredo Rodríguez sobre 'Hierofanías' en Diario de Noticias


-En ‘Alquimia ha de ser’ declarabas tu “fe absoluta en la poesía”, en este caso parece que incluso das un paso más allá, ¿es así?
Sí, allí reivindicaba la poesía como arte y aquí, en ‘Hierofanías’, la reivindico como experiencia casi mística, pues es un libro que aboga por el sentido profundo de la poesía, por el espíritu trascendente de la misma, en estos tiempos que tienden a la desacralización. Pero el mensaje de fondo del libro es el mismo mío de siempre, el de todos mis libros: la celebración del misterio de la creación poética, el deseo de la poesía, y la propia conciencia de la misma.
-También comentabas entonces que eras consciente de que los poemas eran tramos del camino de autoconocimiento que habías emprendido con esta exploración poética, ¿en qué punto del camino te encuentras ahora con 'Hierofanías', teniendo en cuenta, además, que abres el libro con 'Panth'? ¿Qué has descubierto de ti mismo en este viaje?
Sí, claro, la poesía se ha convertido para mí en una vía de conocimiento, en una experiencia casi metafísica, y ‘Panth’ sería el sendero hacia todo eso. Pero además la poesía es vista en este libro como alimento espiritual, como medicina para el espíritu, como una forma de salvación espiritual. Hölderlin decía que el poeta debe seguir su peregrinación hasta dar con el poema sagrado, es decir el que le reclama su ánimo, el verdadero, el que da sentido trascendente a sus versos. En cuanto a mí mismo, he descubierto que no sé nada aún, que esto no ha hecho más que empezar para mí, que sólo he asomado un poco la cabeza a todo este mundo, aunque a la vez voy viendo que la poesía se va agotando en mí. Antes era capaz de escribir tres o cuatro libros de poemas en un año, ahora escribo uno cada tres años y gracias. Este libro me ha vaciado, me ha producido como una honda necesidad de no escribir nunca más. Aunque no creo que la cumpla.

-Ya desde el título de este nuevo poemario, 'Hierofanías', nos manifiestas que la poesía es algo sagrado, ¿en qué sentido?
Como dice Antonio Colinas, lo sagrado no tiene nada que ver con lo religioso ni con lo clerical. Lo sagrado existe en la cultura del hombre desde tiempos remotos, es anterior a las religiones y además las sobrevivirá. Una grandísima parte de la poesía universal no es sino un diálogo con lo sagrado, con lo trascendente. Lo sagrado es lo secreto, lo más íntimo que a veces se presiente, lo real, lo que uno vive aquí y ahora, instante tras instante, algo genuino e irreductible, algo que está en la experiencia interior, que es la más profunda, íntima e inexpresable de las experiencias. Lo que quiero reflejar en este libro es la actitud sagrada del poeta ante ese instante mágico en el que se dispone a crear. Este libro trata de apostar por la sacralidad de la creatividad, y su razón última quizá sea dar fe de la inconsciencia maravillosa y terrible de escribir poesía.
-¿Podemos decir que estamos ante un poemario místico, y aun más, un poemario que sigue los preceptos del budismo o de la mística oriental?
Yo no diría tanto. Es una poesía meditativa, reflexiva, más que mística. Hay una profunda inmersión en el mundo de los mitos y símbolos universales que apuntan a la verdad original. Más que místicos estos poemas yo diría que están escritos con “conciencia mística” y, en todo caso, remiten a una memoria cultural concreta —la de Extremo Oriente—, un mundo al que me acerco seducido por lecturas, para hallar la propia luz. Trato de explicar mi mensaje poético a través del espíritu del zen, cautivado por la belleza y el valor del pensamiento primitivo oriental. ‘Hierofanías’ es un libro en el que Oriente y Occidente se interfecundan. Hay que tener en cuenta que el origen de la cultura universal está en Oriente.

-¿Eso no aleja la poesía de lo terrenal, no te da miedo que sea menos accesible?

Precisamente, mi maestro José María Álvarez me decía un día, después de leer estos poemas, que este libro no lo iba a entender casi nadie. La verdad es que yo no escribo poemas pensando en el lector —no trato de convencer a nadie de nada—, no hago concesiones en ese sentido. Escribir poesía entiendo que ha de ser un acto espontáneo, carente de fin, se hace por sí mismo, por el placer de sí mismo. A la poesía que se escribe de cara a la galería se le ve enseguida la trampa y el cartón.

-¿Eres tú más que nunca en estos poemas; estos versos trazan de algún modo el autorretrato más perfecto que has presentado hasta la fecha?
Quizá sí, porque mi poesía en este libro es un fluir de conciencia. En estos poemas trato de dejarme llevar por la corriente armónica del Tao, es decir, dejar que las decisiones poéticas surjan espontáneamente por sí mismas, sin elegir, dejar fluir los versos. Se trata de no quedarse sin magia, porque no se puede vivir sin magia, como dice Salvador Pániker. Para el sujeto protagonista de este libro solo cabe abandonarse al Tao; es preciso volver una y otra vez al Tao, reparar los daños causados por la educación convencional, desaprender lo aprendido, recuperar la mirada virgen, aproximarse al origen, reinventar el mundo, seguir el curso fluido de las cosas.

-Javier Asiáin explica en el prólogo que tus versos y poemas se muestran más ligeros y etéreos, ¿de qué peso te has desecho?, ¿en qué medida eso ha afectado a la estructura y la estética de los poemas?
Sí, Javier Asiáin también me decía un día que esta poesía mía es atemporal. Con este libro creo que la cosa gana en intensidad verbal, en aventura, en libertad, porque es una apuesta arriesgada, y en poesía siempre hay que arriesgar. Hay quizá también un proceso de depuración, de decantamiento. Estos poemas buscan un cierto equilibrio, y buscan también acercarse a la emoción artística.

-El poemario está atravesado por una energía especial, ¿cómo la definirías?
Diría que es una energía espontánea. En estos poemas se persigue una cierta espontaneidad taoísta (taoísmo mediterráneo sería una buena definición). En ese sentido el elemento más válido para acercarse a la poesía es la espontaneidad. El esfuerzo que culmina en la espontaneidad creadora. Porque esa espontaneidad surge tras un trabajo previo, y no equivale a ingenuidad. Espontaneidad es que uno escribe sin para ni por qué. Al poeta le guía siempre el instinto, naturalmente después de un trabajo previo. Porque un poeta es ante todo un trabajador del lenguaje y un constructor, un arquitecto de las palabras.

-¿Es esta clase de poesía mística una guía de vida al margen de la escritura, en tu vida diaria?
Mi vida diaria no tiene nada o muy poco que ver con la poesía y menos con la mística, porque trabajo en el sector de la metalurgia. Uno escribe poesía, a cada momento, según la situación que le envuelve, una situación que viene dada en buena medida por las lecturas. Las impresiones que uno va recibiendo a lo largo del tiempo acaban constituyendo una especie de depósito lírico, un sustrato que un buen día fructifica en poemas. Y el lenguaje que habitualmente usa uno en esos poemas proviene de la influencia de sus lecturas. En este libro la experiencia lectora se funde fuertemente con la experiencia vital —la práctica del chi-kung— y con la experiencia creadora, en una unión sin fisuras.

-Últimamente estás participando en eventos de difusión de la poesía, caso del programa 'Anaitaverso', ¿es una necesidad que tenemos en nuestra sociedad? ¿qué nos puede aportar para la vida?
Sí, claro que la poesía es una necesidad social, aunque lamentablemente hoy se halla arrumbada en los planes de estudio. La lectura de poesía es un primer paso para recuperar una formación en sentido pleno, enseñarnos a pensar de nuevo,  y sobre todo reeducarnos la memoria. Todo pasa por memorizar textos y por invitar a la composición de los mismos. El hombre necesita toda la música que se le pueda proporcionar para ser libre, música en sentido amplio, que incluye la palabra poética. Porque la poesía es, sobre todo, ritmo. Sin ritmo no hay emoción, como decía el poeta Miguel Ángel Velasco.
-En Navarra hay bastantes poetas en proporción con su población, ¿cómo valorarías el nivel que existe y qué te parecen los distintos eventos (festival Metáfora, recitales en El Bosquecillo, etc) que se realizan?
Sí, yo siempre lo digo —aunque no me acaban de tomar en serio—, en Navarra estamos asistiendo a una especie de edad dorada de la poesía, pero no somos conscientes. Nunca estuvo tan viva como ahora ni tan dinámica. Hay muchas ganas de hacer cosas y muchísimos poetas, de todas las edades y la calidad es media-alta.
-¿Sigues con tus conversaciones con José María Álvarez? ¿En qué otros proyectos trabajas?
Sí, salieron publicados ya los dos primeros libros de conversaciones en París con él, y hay un tercero aún inédito, titulado ‘Nebelglanz’. Tenemos pensando un cuarto y último que sería en Venecia, su ciudad amada. Hay también terminado una especie de libro de fragmentos de su vida titulado ‘Fragmentarium’, así como una antología de sus poemas venecianos, titulada ‘El vaho de Dios’. También un libro recopilatorio de entrevistas con Antonio Colinas, titulado ‘La plenitud consciente’, que surgió a raíz de una conversación que mantuvimos hace algunos veranos en Ibiza. Y lo más inmediato en aparecer va a ser, en mayo, en esta misma editorial albaceteña Chamán —que ha publicado mis ‘Hierofanías’—, una antología de la obra en verso y prosa de Miguel Ángel Velasco, uno de los mejores poetas que ha dado este país y que murió tan joven hace pocos años.

Por Ana Oliveira Lizarribar
Diario de Noticias
19 de Febrero de 2017

 

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