Exiliado en el arte en Encuentros de Lecturas




Alfredo Rodríguez.
Exiliado en el arte.
Conversaciones en París
con José María Álvarez. 
Renacimiento. Sevilla, 2013.


Exiliado en el arte, que publica Renacimiento en su colección Los cuatro viemtos, es una larga conversación que puede leerse también como una antología comentada a dos voces de la poesía de José María Álvarez. 


Si se tiene en cuenta que esas dos voces son la del propio poeta y la de Alfredo Rodríguez, un conocedor excepcional de la obra de Álvarez, sobre la que está preparando una edición anotada, se comprenderá que estas conversaciones parisinas de enero de 2009 son una magnífica puerta abierta al mundo literario de un poeta tan fundamental como José María Álvarez.


La escritura y el arte, el sentido de la poesía en el mundo actual, los novísimos y los temas de la literatura, el proceso de construcción de un poema o un libro como Museo de cera, sus claves significativas, la memoria y la mirada, los libros y la vida, la poesía como destino, las ciudades vividas por el poeta –París, Venecia, Alejandría-, las traducciones, Mozart, el alcohol y el tabaco, la muerte y el amor, la política y la sociedad, Dante y Borges, Cervantes y Shakespeare, Kavafis y Omar Khayam, Montaigne y Tácito, Pound y Aleixandre...


Esos nombres y esos temas, que constituyen la columna vertebral de la poesía de José María Álvarez, son también ejes de referencia constante de estas conversaciones que -entre el brillo y la provocación, entre el premeditado anacronismo ideológico y la lucidez estética- dilucidan una obra poética de la que el volumen contiene una muestra significativa, una antología esencial que se va construyendo al hilo del diálogo.


Y al fondo siempre la poesía y la cultura, no como gesto exhibicionista, sino como expresión asumida de “la vasta, excitante, desoladora y asombrosa vida” de la que hablaba el poeta al final de Los decorados del olvido.


Revista Encuentros de Lecturas
Santos Domínguez
21 de Octubre de 2013

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'Exiliado en el arte', presentación en la Universidad de Murcia

 



Presentación del libro de Alfredo Rodríguez
'Exiliado en el arte, conversaciones en París con José María Álvarez'
Aula de Poesía. Facultad de Letras de la Universidad de Murcia


Buenas tardes, amigos, es un placer estar aquí, en esta ciudad hermosa y de la que tan buenos recuerdos guardo de otros viajes, para presentar este libro, Exiliado en el arte, conversaciones en París con el poeta José María Álvarez, libro al que le debo tantas horas de amistad y de conversación amena, este libro tan deseado y tan esperado por todos los que amamos la obra alvareziana. Y además es un honor presentarlo acompañado del protagonista y coautor del mismo, mi querido maestro y amigo. Este libro preparado con tanto cariño, ilusión, emoción por verlo ya en formato papel, desde el respeto a la persona y la obra de José María Álvarez. Y bueno, esto de que mi nombre quede unido al suyo para siempre en un libro pues para mí, como comprenderéis, es un sueño hecho realidad.

Libro cuyo eje central sería una larga conversación de varios días –no seguidos, para no cansarnos, sino alternos- mantenida íntegramente en París, en casa del poeta o paseando por la ciudad o sentados en terrazas de cafés al aire libre o en librerías que visitábamos, o sea muy a gusto, durante algunos días de Enero de 2009 (es importante tener en cuenta esa fecha), decenas de preguntas que yo le iba haciendo y que tenía preparadas desde tiempo atrás, dudas sobre todo que me surgían y que me siguen surgiendo a lo largo de los años en la lectura de su obra –porque su obra está viva- y cuya aclaración y resolución me ayudaría a la mejor comprensión de esa obra y también del personaje protagonista.

Bueno, el libro contiene cinco partes –como veréis-, con títulos que son versos o frases del poeta:

Primero, Una espina dorsal sola bajo la lluvia: con cuestiones que harían referencia a su obra, a la obra poética fundamentalmente, pero también a su obra en prosa.

En segundo lugar, Como si ya no fuese mía contemplo mi vida: con temas de tipo más biográfico, es decir sobre la vida vamos a decir “real” del propio Álvarez. 

Tercera parte, En una fiesta dorada de tigres y de espejos –magnífico verso-: en que José María nos habla sobre algunos autores amados, admirados por él y/o amigos suyos, así como sobre las obras de éstos.

En cuarto lugar, Libertad! Desigualdad! Gloria!–ese lema suyo tan personal-: con sus opiniones contundentes sobre política, economía o temas de tipo social.

Y por último, Ese viento que nos arrastra más allá de lo que somos: que trataría sobre la poesía en sí y la figura del poeta en general.

Pero es que además este libro es también una auténtica antología de poemas extraídos de la obra alvareziana publicada hasta ese año, el año, como digo, 2009, además de algunos pequeños fragmentos en prosa muy interesantes. Una –creo yo- muy buena y extensa selección de poemas, que van salpicando el texto al hilo de las conversaciones, o sea, no son poemas recogidos y puestos allí al azar, sino justificados, está justificada su presencia por lo que allí se cuenta en cada momento.

Y también se recogen por otra parte en el libro testimonios de poetas amigos, que me hicieron llegar expresamente para la ocasión –es decir, fue a petición personal mía- sus semblanzas sobre el poeta. Es el caso de Julio Martínez Mesanza que envió un poema inédito dedicado al autor, Antonio Colinas, Vicente Gallego, Felipe Benítez Reyes, o poetas de esta tierra como Dionisia García o Juan de Dios García.

Pero antes de decir lo que es este libro quizá habría que decir lo que no es, dejarlo eso muy claro, para que no haya lugar a equívocos: No se trata de un libro de entrevistas entre un intelectual  y un poeta –como algunos libros que yo he leído o que tengo por casa (con Gil de Biedma, o con Guillermo Carnero, o con Borges), ni entre un crítico literario y un poeta, ni siquiera entre un periodista y un poeta que suele ser lo más habitual en estos casos. Se trata de un libro de conversaciones o diálogos entre dos poetas amigos, un maestro y un discípulo. Eso tiene que quedar muy claro. Porque yo no soy ningún intelectual. Soy solo un poeta y un lector. Y en ese sentido creo que sobre todo es un libro ameno, muy ameno en su lectura, un libro de fácil lectura, de fácil acceso, creo yo.

Un libro como éste obviamente no puede ser para muchísimos lectores, no es un libro comercial, pero sí quizá para gente que ama la poesía por encima de todo. Hay dos personajes, que interpretan roles diferentes: uno es el poeta maduro, descreído del mundo –sobre todo del mundillo literario-, escéptico hasta la médula, estoico y epicúreo, hedonista y hasta nihilista a veces, de vuelta de la vida de todo, respetando la vocación literaria por encima de todo y con esa concepción suya sacralizada de la literatura. Y otro es, el joven poeta entusiasta –ese joven poeta que fui, ahora ya no lo soy, o la juventud me está abandonando o me ha abandonado ya, no lo sé-, amante apasionado de la poesía –eso sí- y de lo que es o supone la vida de poeta, fascinado por la figura del que considera, sin ningún lugar a dudas, su maestro –entre otros, claro, pero sí su maestro principal-, y cuyos versos ha defendido siempre a capa y espada como los más altos escritos en nuestro ámbito y en nuestro tiempo. Y todo ello, repito, como simple lector de poesía, desde esa humilde perspectiva, y no como experto en la obra de nuestro poeta, pues yo no me considero un experto en nada.

Además en mi caso concreto, tengo que decir que no creo haber sido poeta hasta después de haber leído (y conocido) a José María Álvarez. Él, su poesía, yo siempre lo digo, es la casa donde a mí me habría gustado vivir. Como amigo, como hombre que se relaciona con los demás, Álvarez sigue siendo un hombre de una gran juventud, de un ánimo extraordinario, de una lucidez cristalina, y todo eso puede apreciarse perfectamente en las páginas de este libro. El espectáculo de esa inteligencia en pleno funcionamiento. La lucidez con que se enfrenta a la verdad del mundo y del poema. La singularidad magnífica de su escritura.

Casi todo en Álvarez pretende ese fondo biográfico, y eso es algo que a mí siempre me atrapó. Sus poemas se pueden leer como su propia vida, porque son carne viva, están en carne viva aún. Son verdad, no son mentira. Sobre todo esa libertad total para escribir y para vivir, sin temor alguno a las consecuencias de lo que se escribe o de lo que se vive. Eso me atrapó. Ese querer (y saber) llevar las cosas siempre hasta el final. Sus libros yo creo que se han quedado ya para siempre al abrigo de la injuria del tiempo.

Porque él es un poeta-poeta, es decir –y con esto no estoy diciendo nada que no sepáis- la clase de autor inspirado y entregado por entero a sus versos y a su condición de poeta, a quien no sabríamos imaginar entregado a ninguna otra actividad distinta, y al que decimos en principio que no nos querríamos parecer aunque probablemente es a lo que nos gustaría aspirar si pudiéramos o la vida nos dejara. Álvarez, bueno, ya lo sabéis, con una cultura impresionante y estupendamente bien digerida, pertenece a esa raza de poetas que han vivido siempre sus vidas enteramente dedicadas a la literatura. Todo en ellos se volvía literario. La biblioteca la llevaban en su propia cabeza.

Él es de los que creen sin duda que un poeta, un artista, no debería nunca prostituir su arte, su oficio, su pluma; al contrario, ha de donar su vida a esta idea pura y sincera del arte, sin concesiones al oportunismo, a la conveniencia ni al mercado; y ha de consagrarse únicamente a la búsqueda de la belleza y a celebrar esa belleza, que sería lo único verdaderamente importante. Bueno, esto es la vida entregada al ideal del Arte.

El gran poeta siempre escapa a su generación y supera las modas. Y Álvarez es en este sentido un poeta prestigioso, entre los siempre minoritarios amantes de la poesía, aunque en absoluto sea un poeta popular. Él apuesta por el Arte como un modo de vida, y eso no es sino un acto de soledad y de grandeza. El Arte como refugio, como exilio voluntario. La vida romántica y cargada de sentimiento estético.

Vincular el arte a algunos de los momentos de máximo descubrimiento e intensidad de nuestra vida. Esto es lo que ha hecho siempre José María Álvarez. Llevar al arte el íntimo sentido de la vida, y a la vida la dignidad y la mesura del arte. Si poetas son aquellos que actúan tocados por un derroche de pasión, capaces todavía de esperar en nuestros tiempos una u otra forma de “revelación”, y que sencillamente creen en lo que hacen, creen ciegamente, uno de ellos sería él. Poeta de la luz, de la pagana alegría de vivir (o yo por lo menos lo veo así) José María Álvarez es, con una obra sin parangón en la literatura de nuestro tiempo, aquel que lleva en la sangre los ritmos y la sabiduría de la mejor poesía.

Y quería terminar, antes de darle paso y escucharle –que es lo verdaderamente importante siempre, escucharle-, recitándoos un poema que aparece en el libro, un poema que a mí me gusta mucho recitar en privado y así lo he hecho más de una vez al final de reuniones y cenas con amigos, con tu permiso y si te parece bien, porque es un poema que yo entiendo que es un resumen perfecto de todo el mundo alvareziano, de lo que yo llamo los territorios de Álvarez, y en el que siempre encuentro algo nuevo en cada lectura y eso es algo que solo sucede con la buena poesía. Se titula, ‘E la belleza de la baia di Taormina’, aparece en la página 51 del libro, y dice así:



Llegarás a Taormina. Quizá tus pasos
revelen el cansancio.
O quizá es que al apagarse de ese día
lo comparas, y te entristeces,
con el de todo tu mundo.
Llegarás
a Taormina. Son caminos
que ya muchos pisaron
y alguno de ellos, maestro tuyo.
Y verás las ruinas del teatro,
y entre sus columnas muertas
el espejo del mar, la sagrada presencia
del Etna.
Descansa contemplando este paisaje.
La luz del movimiento del crepúsculo.
Aquí, esa grandeza que amas
nació, fue creciendo
como los olivos, el lentisco, las chumberas,
bajo los vientos de la mar,
al par de todo ello, en la claridad.
Aquí unos hombres
aseguraron con su dibujo
del mundo, ser ellos la medida
de todas las cosas. Y a esa medida levantaron
Arte y sabiduría,
leyes y placer.
Todo aquello de cuyas ruinas aún
tú te alimentas, todo aquello
que es la última instancia de tu alma.

Llegarás a Taormina,
y descansarás contemplando esa belleza.
Y ya ni siquiera la amarás.
Porque habrás comprendido.



Muchas gracias.



Alfredo Rodríguez
Facultad de Letras de la Universidad de Murcia
16 de Octubre de 2013 


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Exiliado en el arte en el blog Fuego con Nieve


Conversaciones con José María Álvarez





    Sabíamos de la devoción del pamplonés Alfredo Rodríguez por José María Álvarez, y ahora este libro de conversaciones entre ambos viene a refrendarla. Uno de los Nueve novísimos poetas españoles de la antología de Castellet, el cartagenero es un poeta exuberante, que ha querido fundir vida y poesía. Casi siempre excesivo (no emito una opinión, declaro un hecho), su poesía puede ponerse como ejemplo máximo del culturalismo y del venecianismo (por la adoración a una ciudad cuyo nombre él escribe como los vénetos, Venezia). Quién no quisiera tener a un admirador tan rendido como Rodríguez; y, sin embargo, Álvarez tiene que enfriar a menudo su entusiasmo. Asevera el primero: "usted coge poemas de su traducción de Kavafis y los mete de solapadillo en Museo, y nadie de entera. Se lo aseguro." A lo que el segundo responde: "Eso me interesa mucho. Porque no tengo conciencia de haber hecho eso. Y le agradecería muchísimo que me facilitara una lista, usted que se sabe Museo de cera de memoria, yo desde luego, no, que me haga una lista de esos poemas."
     Lo mejor que puede decirse de José María Álvarez es que, como en su admirado Pound, en medio de mucho fárrago hay momentos deslumbrantes, joyas que vienen a dar guerra vestidas de camuflaje (y que, por ello, pueden pasar desapercibidas). Este libro dialogado incluye bastantes poemas. Este es uno de esos momentos brillantes:


No se trataba de emular Antony and Cleopatra.
Y además, ahí estaba
tu coño de adolescente, de oro
(no tan jugoso como yo los recordaba;
pero al dente, triunfal, de Marcha de Radetzsky),
y estaba tu pelo extendido como llamas
sobre la almohada,
y tus pechos, de punta -(si hay
errata: de puta, también vale)- duros, kamikazes,
y tu cuerpo olía a mi saliva,
y mi boca olía a tu sexo


     Luego el poema se estropea (se me estropea) porque invoca a una actriz (Nicole Kidman) que deja (me deja) perfectamente frígido. 
     Pero no solo hay versos en el libro. De las opiniones políticas y sociales de Álvarez se puede afirmar todo salvo que sean políticamente correctas. No cabe sino asentir con una sonrisa a su crítica de la intelectualidad marxista y el dominio de esta del cotarro cultural, pero cómo no estar en desacuerdo con muchas otras cuestiones. Aunque al menos hay que reconocer que anima las aguas estancadas del discurso dominante. Su ultraliberalismo, su elitismo aristocrático, tan demodé, pueden producir urticaria, pero en punto a decir tonterías (que no restan ni agregan nada a su obra poética) le gana a veces, por ejemplo, su nada apreciado compañero de promoción novísima Antonio Martínez Sarrión, quien en su intervención pública el año pasado en Cosmopoética le arrancó a otro conocido poeta y crítico allí presente estas palabras dichas en petit comité: "Ha hecho cuerdo a Leopoldo María". Naturalmente se refería a Panero, el loco.
Del blog FUEGO CON NIEVE
Antonio Rivero Taravillo
17 de Septiembre de 2013 

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poema inédito de Julio Martínez Mesanza dedicado al poeta José María Álvarez








ALGUNAS DE LAS CALLES

(poema inédito de Julio Martínez Mesanza dedicado a JMA)

24 de Junio de 2009




Algunas de las calles de tu vida

las vi contigo y son también las mías.

La que esconde un café en Alejandría

al que los bárbaros jamás llegaron.

La que cruzan las chicas más hermosas,

las piernas más hermosas de la tierra,

bajo la aguja del Almirantazgo.

La que nace entre ruidos de tranvías

y lleva abstracta y clara hasta el Castello.

La que conduce a Giza y nunca acaba.

La que muere al llegar a la Lubianka.



poema inédito de Julio Martínez Mesanza dedicado al poeta José María Álovarez
Exiliado en el arte. Conversaciones en París con José María Álvarez
Alfredo Rodríguez
Ed. Renacimiento, 2013

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Exiliado en el arte en Diario de Navarra


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Semblanza de José María Álvarez por Juan De Dios García





Semblanza de José María Álvarez 

por Juan De Dios García 

8 de Julio de 2009



Nací y vivo en la misma ciudad que Álvarez, sin embargo nunca lo he leído con esa indulgencia con la que demasiadas veces se lee a un escritor de tu tierra. Yo abro un libro suyo con la misma curiosidad y pasión con la que abro uno de Poe, Petronio, Borges o André Gide. Todo sabio es apátrida.

            Álvarez, por desgracia, no es mi amigo, nos separan varias generaciones y hemos coincidido muy pocas veces en encuentros literarios; pero puedo asegurar que de todos los poetas españoles del siglo XX, él es el único del que he leído y releído su obra completa. Pocos como él me han enseñado la termitencia sensorial del Mediterráneo y las distintas luces de Venecia, Estambul y París, su santísima trinidad topográfica... En fin, son tantas las lecciones aprendidas. Ni se imagina la de veces que he defendido su visión del conocimiento ante el ataque de compañeros tertulianos rencorosos, mediocres o devorados por la envidia. ¡Que ardan!, diría el maestro con elegante gesto de desprecio.

            No sé quién dijo que un autor debería conformarse con escribir a lo largo de su vida quince o veinte poemas memorables. Si tomamos este argumento como verdadero, Álvarez ya podría estar descansando en el más allá, fumando, bebiendo y bamboleándose apaciblemente en una hamaca mientras observa a obreros del Parnaso esculpir su nombre en mármol de Carrara. Pero no, seguirá gozando, leyendo lo que le apetezca, Stendhal, Flaubert, mirando muchachas por el Sena, escribiendo cuanto le plazca, saboreando buenos quesos y vinos en pequeños comercios europeos, escuchando la misma canción de Billie Holiday diez veces seguidas. Y así debe ser. Yo creo que a él, a estas alturas, le importa tres pepinos eso de la inmortalidad. No es casualidad que su libro de memorias se titule Los decorados del olvido.

            Entre las muchas virtudes que hallo en su verso —algunos de sus vicios personales también los comparto—, hay una que admiro por encima de todas: la manera de crear una belleza autónoma. Creo que ahí reside el secreto de la esfinge literaria, la cumbre de una carrera, cuando un lector de raza puede decir con naturalidad aquello de parece un poema de José María Álvarez. ¿Hay mayor consagración que esa para un escritor? No lo duden, la respuesta es no.

Semblanza alvareziana del poeta Juan de Dios García
Exiliado en el arte. Conversaciones en París con José María Álvarez
Alfredo Rodríguez
Ed. Renacimiento, 2013




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