Fêtes venitiennes

 
 
FÊTES VENITIENNES
(Oh, Stravagantissima)
 
«Y admiró tanto a los dioses como a los mortales
la vista del hermoso artificio,
contra el que nada podrían los hombres».

HESÍODO


En manos haberme hallado
del designio original de los dioses.
Que nunca en vano fuera desear.
Y haber estado con ustedes, mujeres,
y ya de regreso unas horas
en la isla de Venus, como cada amanecer
poniendo fin al mundo.
 

Dónde hallar paladar más fino
capaz de degustar los sabores más delicados,
la prohibición de amar comprendiendo
o dando cuenta de ella día por día.
Y vuestra antigua alegoría poder adivinar,
embebecido en su arrobamiento,
exquisito, casi místico.
 

Mujeres de agitadas sinuosidades,
porque ningún hombre os tuvo
a todas en una. Que vuestro elegante desdén
se escuche, desde la Antigüedad,
en las cuatro partes del mundo.
Extraña regeneración de la tierra
o su desollada conjura sea,
como a quien un día va a buscar la muerte
en blanco ropaje envuelta.
 

Ah, pasajera tormentosa,
su altivo destierro dondequiera,
que vierta sobre mí, alma profana,
la recompensa de la Civilización.

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Amor, sorte, destino!

 
 
 
AMOR, SORTE, DESTINO!



vencer o morir,
sacras ínfulas
de oro griego
 

porque no tengo raíces como tú
golpeo el suelo con las manos desnudas,
y sé que sombrías cavernas habitan
detrás del flujo cambiante
de mis percepciones;
 

mi diosa del placer y de la muerte,
de un blanco níveo imagino tu cuerpo,
como un doncel andante en busca
de proezas y amores
marché a Alba Longa
 

antes de mi partida, libaciones
de agua e incienso te ofrecí,
oh Mara, Tú que pareces
ser el fiel de la balanza
que siempre me sostiene en equilibrio

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El placer de Dorian Gray






EL PLACER DE DORIAN GRAY

 
Para qué voy a dejar de beber
Si este barco ya ha zarpado
…y tú no me reconociste

Si me amases de verdad Muerte
Si fuera así
-como yo alguna vez llegué a creer
Esperarías un día más
Lo harías por mí
Tendrías paciencia
Sólo un día más por mí
Me harías ese favor
Sería mi placer

Hace un rato me lo estabas contando todo
Y yo amargo te escuchaba
Que viajé con ella hasta las Puertas de la Noche
Que bebimos abundante vino
Y luego tomé su cuerpo

Yo reconozco como mía toda la culpa
Y estoy loco
Debo estar loco para hablar así
Pero no habíamos hablado de morir
-nadie lo había mencionado en ningún momento
Y me asombras cuando dices
Que ya no queda apenas tiempo para el placer

Media hora es poco
Sólo un día más para amar
No haría mal a nadie

Ahora dame la llave Amiga Muerte
Tú sabes bien que el placer
Es adorar a alguien


 

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El emboscado

 
 
 
EL EMBOSCADO



Con un alud de honores
y de sangres mezcladas
la mujer que te amó
te abandona a tu suerte,
esa que te devorará al final
pues te dio nacimiento,
la que te alimentó;
 

mujer que en ti fundara
el secreto entendimiento del alma
y bajo cuya égida
viste morir al mundo;
 

es como un ancla de hierro forjado,
la semilla de una nueva serpiente
pródiga en maravillas,
cultura de la luz
en el tiempo en que tu vida era holgada;
 

tantra tu corazón
que veías perdido para siempre,
capaz de desdecirse,
se mostrará arrobado;
 

esperar tu destino,
a pie firme aguantar,
combate encarnizado y fragoroso
hasta el sesgo nefasto,
ante Ella tus huestes y tus carros

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A Marie de Rabutin-Chantal, marquesa de Sévigné




A MARIE DE RABUTIN-CHANTAL,
MARQUESA DE SÉVIGNÉ

(Escritora refinada y de éxito)

«La amistad pura sabe de placeres
que nunca podrán gozar las almas mediocres».

JEAN DE LA BRUYÈRE

Calais, miércoles 28 de noviembre, 1667

Me procuráis un gran placer, Madame, con vuestra misiva
haciéndome saber que es vuestro por fin
el hôtel Carnavalet y llenáis asimismo de dicha
mi corazón por saberos tan feliz,
constante como siempre y de tan firmes convicciones.
             A mí, que arrojar al fuego
debería ahora alguno de los últimos escritos
que me enviasteis exponiéndome vuestras locuras,
las que llegasteis a cometer por conseguir arrendar
esa masterpiece del siglo, que relatáis al detalle para mí.
Beligerancia irreductible, Madame.
             El que me decís fuera construido
hará más de cien años a la noble manera renacentista
para el señor De Ligneris, os es hoy felizmente confiado
en custodia para sin duda halagarnos los instintos,
y así continuéis dándole suma gloria y prestigio,
como anfitriona de semejante joya
donde gozar los placeres de la amistad y animar
la vida mundana y culta del Marais.
             No podría hacerme una idea,
y juzgadme como mejor os parezca, pero no concibo
que sea otra la decoración por la que optéis
sino de una belleza si me lo permitís lujuriante
en todas sus salas y salones,
por lo que de original en vos siempre ha tenido
vuestro gran sentido del humor. Cuadros,
espléndidos muebles, cortinajes, porcelanas y alfombras,
inmensos tapices y objetos decorativos confío crearán
un ambiente muy especial —como decís—
dando ejemplo de virtuosas actitudes.
             Y aunque nunca perderé la discreción
que me conviene tener, os pido como en otras
ocasiones permiso, Madame, y más en esta feliz
que se presenta, para visitaros en él.
             Coleccionistas, pintores,
mecenas y viajeros, gente virtuosa a fin de conversar
sobre lo divino y lo humano
se reunirán con vos allí, querrán deslumbraros.
             Percibo que quizá sea en sustancia
como volver al templo del dios de la claridad
y la serenidad, del arte y el pensamiento,
ante cuya sacra presencia prosternarse,
o a los lujos y placeres refinados de la antigua Antioquía,
pues así aumentáis mi impaciencia al decirme que tenéis
cosas que mostrarme, curiosas reliquias.
             Oh derroche de espíritu,
si la vida y esta debilidad propia que sostengo
me dejan cesar sus dispendios, os seguiré escribiendo,
Madame, sometido a vuestros dictados. Los siempre
insaciables deseos de escribir y claridad de la razón
para resistir los empujes no me faltarán; y que tengáis
conmigo todas las atenciones posibles deseo
hasta el final.
Esa graciosa sencillez os pido.
             Pues tengo el honor de ser de vos vuestro
afectuoso y atento y seguro servidor.


Señor de Villeparisis.


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Cleopatra ensayando venenos en los condenados a muerte





CLEOPATRA ENSAYANDO VENENOS EN LOS CONDENADOS A MUERTE

 

hoy escucho con otros oídos, veo
con otros ojos, hablo con otros labios
que no son los míos
 

cítaras, liras, aulos
y flautas acompañan mis cantos
y poemas; apuro hasta el final la copa
de los placeres y es oblongo mi escudo,
cautivo en las prisiones secretas
 

recojo el dolor, lo hago mío
y es ésta y no otra la noche en que muere
el joven que fui
y en que este hombre que soy
ha nacido
 

¿podría, Amor, ser de otra manera?
¿podría representarse esta vida
inimitable de otra manera, quizá
soñada para siempre?
 

hoy rebosa la crátera donde se mezcla el vino
antes de servirlo en copas
y bien sabes que en mis secretas
incursiones nocturnas
yo te adamaba
 

tú me enseñaste las artes y astucias;
una mezcla de placeres
del espíritu y del cuerpo,
así fue nuestra vida
 

como en un nimbo áureo
bellos tocados ornaban tu cabeza;
el perfume del incienso
ardía sobre los altares,
los templos inundaba
 

protegiendo el sueño eterno
de los reyes muertos

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En las aguas de la belleza





EN LAS AGUAS DE LA BELLEZA


Quien ha contemplado la Belleza
deja su suerte en manos de la muerte

-A. Von Platten-Hellermünde-


Y quedarme aquí
Así como estoy ahora
Hundido en el fango
En el lodo de la Laguna
Inmóvil casi maniatado

Con lágrimas en los ojos besé su mano
Entrando en las Aguas de la Belleza

Cuál es tu nombre -me preguntó Shahrazad
No supe hablar
No supe responder

En mis manos un Libro
Un sembrado de perlas
De aquella lista de Libros que me envió Álvarez

Siempre pretendiendo llegar antes de tiempo
Y siento que aún es mucho lo que me queda por andar
Mucho aún por aprender

Oh mi Dueña
Dejadme entrar -supliqué una vez
Resbalar como sea y caer
En esa Belleza
En esa Locura
Levantarme y volver a caer

Si fuera preciso desechar
Las brasas de mi Destino
Que tanto me queman ahora

Como ahogarme al amanecer en sueños
Y ser transportado hasta su Palacio
Por rincones apartados del Arte
Hasta dar con Ella más allá
Hasta tocar las Aguas de la Belleza
Preso en ellas
Y no querer salir

Que nada más mi vida sea
Amar esa Belleza
Su único sentido la Cultura
Como lo mejor de lo que fuimos

Fundido ahora otra vez
En su tesoro estoy
Ya casi naciendo el día
Creyendo haber poseído
Haber entrado feliz
Al amanecer con Shahrazad
De su mano en las Aguas
De la Belleza



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La mar gruesa del pasado

 
 
 
LA MAR GRUESA DEL PASADO


Cómo podrías vivir, hombre perdido,
febril de entusiasmo, empleando falaces excusas,
cuando sólo horrible vesania conocieras a tu alrededor,
cuando atónito asistieses
                         a la caída del mundo
—ni los extremos del orbe ya te acogieran—,
que sintieras seguro ansias de prenderle
fuego a la vida, al zumbido absurdo que es tu vida,
sin concesión alguna a las conveniencias.
 

Olvida a aquellos que midieron el Tiempo
y situaron los acontecimientos; no se podía derramar
su sangre pues horrendos males ello significaba,
quizá que entonces ya vieras claro tu designio,
huella indeleble, oropeles que magnificaron su victoria.
 

Ya no tenemos nada, amigo, nada excepto el pasado;
no tenemos presente ni futuro, sólo la mar gruesa
del pasado, que sucumbe ante lo imprevisto.
                         Pero hay un momento flagrante
de Luz en la noche
que te salva, hombre perdido,
un momento en que el poema llega
hasta este hombre a quien el fiero deseo de poseerlo
le acomete; su sonido lo trae
la voz que vela su insomnio,
de aquello que fue su cuerpo la herencia,
de su alma la verdadera entraña.
                          Camina entonces, amigo,
sobre los pasos enterrados de la Historia,
valiente como un león en la batalla,
¿no te recibirán acaso con honores?;
aguarda con el corazón henchido y golpea
sus inmensas puertas de bronce,
como aquel viejo hombre perdido
que ya traspuso antes que tú
el umbral de su vida equivocada.



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Un hombre abandonó el mundo





UN HOMBRE ABANDONÓ EL MUNDO




Madre que nace y muere cada día,
misteriosa de la mañana,
invicta Madre,
              desnuda cubierta con velos,
fuego de mi verdad y de mi luz;
 

sabes que tu vigía y guerrero soy
por el veneno de la poesía,
que fácil desciendo por valles bajos
hasta el país de Sumer
incólume de ti,
que he de trabajar con el corazón,
como un antiguo escriba
relatos e himnos te redactaría;
 

pero tengo que aceptar a Fortuna
dondequiera se encuentre,
navegar por estrechos,
asentar allí lejanas fronteras
—la estirpe de Alejandro, del divino Dioniso—,
con viejas manos alzadas de orante
sepultar
        tus más preciadas reliquias:
hachas de combate y hojas de palma;
 

sabia Madre,
acógeme gustosa, merezco tu alabanza,
edúcame contigo
en el espíritu de los Antiguos,
que Amor se preste fácil
para deslizarme hacia tus tinieblas;
 

hazme pecar de nuevo,
participar del placer de los cuerpos,
y déjame solo en la madrugada
abandonar el mundo,
retirarme desnudo hacia los barcos

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Es más cómodo vivir sin la máscara que te ahoga



ES MÁS CÓMODO VIVIR SIN LA MÁSCARA QUE TE AHOGA



alma del vulgo llevada
de insaciable curiosidad, no eres consciente
siquiera de haber dicho
con escasa destreza lo que dices
 

ridículas resultan tus opiniones y maneras,
muda de parecer y corrígete de ellas
 

adopta la práctica del lujo, la antigua
dulzura de vivir o mantén el alma en reposo;
y qué mejor higiene del espíritu sería
la vida disipada y ociosa,
más tentadora para el vicio
 

quizá los versos hubieran sido
redundancia —su oratoria requintada
y sutil— para estos días de embriaguez
que al fin se te ofrecen, pero no son
sino lo más próximo a la perfección
que se pueda imaginar
 

no estés dispuesto a aventar tales rutinas,
ignorante de la intriga permanece,
pues basta el Arte para dar espiritualidad
a las sustancias materiales

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