No me importa morir esta noche (II)




…fue el salto a los libros de ensayo, que hasta entonces no me había sentido preparado a dar, lo que definitivamente clarificó mi forma de entender el mundo.
 

*


Experimentar con drogas no era ningún pasatiempo; era un reto ético, un arte cuya práctica exigía despejar todas las falsedades que ora propagaba el anatema, ora la frivolidad.
…la lección implícita en aquellos ensayos no estribaba tanto en las ideas específicas que manejaban como en la apertura que inducían hacia otros libros.
Se me antojaba que si la vida tenía alguna finalidad, algún sentido, era pensarla, vivirla pensando. No había más verdad que la búsqueda de la verdad.


*


Vagabundeaba por los jardines dedicado a emborronar folios y folios de versos disparatados en pos de una voz.


*


…descubrí que los antiguos disponían de un poder fantástico: impedían apercibirse del curso del tiempo, lo detenían en puros instantes donde todo se tornaba son de mar Mediterráneo…


*


¿Culpable de qué? ¿De querer vivir, de querer cometer mis propios errores? Bastante error implicaba ya estudiar algo que despreciaba.


*


…aquel extraño exilio interior al cual me acogía en mi propia casa….


*


…lo que me interesaba era saber, no aprobar exámenes como un autómata, y si tratar de aprender algo recibía como recompensa un suspenso tras otro, eso no constituía un problema, no para mí.


 *


...ante esa angustia de la que… se empeñaban en hacerme partícipe, la rabia y la impaciencia que sentí estuvieron a punto de expresarse sin ambages, pero… me mordía la lengua para no explotar. Con un nudo en la garganta, recordaba a Kant: sólo la verdad, pero no toda la verdad, me repetía, y callaba.


*


…cometer mis propios errores constituía un acierto a la larga…


*


Y mis palabras brotaban desde una sinceridad bestial.


*


Mientras paseábamos me fijé en las placas de cerámica donde aparecía escrito el nombre de las calles: Plaza de los lobos, Sierpe alta, Niños luchando… Incluso en menudencias como esa, la ciudad ofrecía continuos destellos de belleza.
En la alcaicería adquirí una postal y mi corazón rompió a latir tumultuosamente. …escribí… lo que sigue:
   
      Feliz al fin. No lo sería más aunque estuvieras conmigo, aunque tu voz me hablase y pudiera acariciarte o besarte. Me has descubierto una libertad que nadie más podía enseñarme. Y ahora quiero ser como tú, pero te escapas… ¡No te conozco! ¿Quién eres? Debo aprender de ti… Aprenderé a amarte sin pedir nada, con un amor perfecto. Bastará saber que existes, y amarte me hará más libre.


*


Sólo mientras leía o escribía sentía que gozaba de una libertad total.


*


Todo lo que necesitaba para sentirme protegido era comprobar los bolsillos de mi abrigo verde antes de trasponer la puerta y palpar en alguno de ellos la sólida figura rectangular de un libro.
Llegado el caso, podía uno servirse de él como de un valladar inexpugnable.


*


…me convencí de que tarde o temprano, si persistía en el intento, llegaría a hacer con mi vida lo que me diera la gana. Si de veras demostraba arrestos, llegaría a ser lo que quisiera.


*


Busqué refugio en los libros, que destilaban sin desmayo explicaciones y respuestas. La vida se expresaba a través de ellos tal y como yo la necesitaba, con todo su dolor, mas también con toda su carga poética…
…hacían soportable la existencia.
Constantemente ponían de relieve mi mediocridad.


*


La culpa me afligía por omisión, cuando desperdiciaba un día entero sin abrir un libro, o cuando no conseguía leer una obra que sabía excelente…


*


…desplegué las páginas del diario sobre la mesa y, de repente, me pareció escrito en una lengua indescifrable. Traté de concentrarme, pero en vano: todas las noticias eran igual de ridículas, hablaban de una vida completamente irreal.


*


…en los diarios del maltrecho Kafka… descubrí que nunca podría ser Kafka, que no había tanta literatura en mí, ni tanto miedo, donde recordé que era otro.


*


Sólo me apetecía bajar hasta el fondo de mi copa y embriagarme con su recuerdo. ¿Alguna vez llegaría a ser como ella? ¿Hasta dónde tenía que ensanchar mi libertad para alcanzarla? Se me apareció desnuda y blanca, como una estatua griega viva.



*


…estar triste y contrito, padecer como un mártir una vida horrorosa y detestarse uno a sí mismo, constituían algo enteramente aceptado…
En cambio, era inconcebible que una libertad sin restricciones, que aspirase a ser total, por más dichoso, pleno, jovial y auténtico, por más amable que hiciese a quien la realizara, suscitara idéntica reacción.


*


El gran problema era el miedo. Había que liberarse del miedo.


*


Al contrario que en mi trato con las personas, con quienes nunca adivinaba cuál era la forma correcta de comportarse… con los libros todo era distinto, las cosas se volvían transparentes…
…en ningún caso una pérdida de tiempo.

Leía y nada podía detenerme, arrastrado… …los libros… …por los que yo descendía para descubrir el dolor, la libertad y la creación exuberantes del fondo de la vida.


*


…el error de involucrarme en discusiones estériles con mis condiscípulos.


*


Una sed acuciante… me quemaba en las entrañas como una hoguera y me impedía renunciar al sueño de la libertad, la belleza y la sabiduría.
una belleza empañada de infinita melancolía, que no pertenecía al presente, que no tenía nada que ver con el aquí y ahora…


*


…aquí, la política se reducía… a un ritual macabro mediante el que los poderosos imponían coactivamente su vasta realidad de amigos y enemigos y exprimían a la gente tratando por todos los medios de alimentar su ignorancia, y contra eso casi nadie se levantaba.


*


…lo primero era… soltar lastre, llegar a ser lo que se suponía que tenía que ser y, seguidamente, desprenderme de ello para empezar a ser lo que en verdad quería ser.


*


Sólo ponerme a escribir aplacaba mi desasosiego, así que escribía a la menor oportunidad… y lo arrumbaba todo en un cajón.
…si lo que realmente pretendía era, no sólo desahogarme, sino escribir algo valioso, algo vivo de verdad, de verdad sincero, debía experimentarlo antes, intensamente, y rumiarlo dentro de mí, tal vez durante años.


*


La literatura desvelaba una especie de trama interna, un orden secreto de vasos comunicantes, de pasadizos subterráneos que traspasaban idiomas, épocas y continentes. Algo inefable, incognoscible, indefinido, indeterminado, fundamentalmente extraño, hervía por debajo en los libros. Fuego siemprevivo, había dicho Heráclito…  …esa presencia escondida había magnetizado irremediablemente las obras de los escritores que me cautivaban.
…a través de ellos cobraba forma ese algo proteico. Infinitas formas singulares, perfectamente diferenciadas, que, no obstante, aludían a lo mismo.
Aquí y allá relampagueaban las conexiones.


*


…todo aquel otro mundo definido, controlado y convenido, donde tenía obligatoriamente que desenvolverse, infestado de psiquiatras, policías, gobernantes, reglamentos, jueces y facturas, donde a cada cosa y a cada hombre se les adjudicaba una etiqueta con su precio, era falso. Un mero sucedáneo de vida que ejercía de escudo y muralla, que proporcionaba la burda ilusión de la seguridad a cambio de una obediencia deletérea… …repleto de corrupción y dolor…  …mundo profiláctico, así llamado real. Un hatajo de mentiras insufrible…


*


…la ausencia de paradigmas estéticos de nuestra época, o, por decirlo con más concisión, el nihilismo reinante.


*


…esa obscenidad monumental denominada siglo XX. …el así llamado progreso de la historia… escondía… un pretexto ideal para que los hombres arrasaran a sangre y fuego con la tierra entretanto permanecían sujetos a un yugo tras otro.


*


…Jünger me impresionaba, sobre todo, porque, a mi juicio, había sabido convertir la vida en lo más parecido a una obra de arte…


*


Si no hubiera libros no querría vivir. Pero sin música… sin música no podría.


*


La intervención del azar en cuanto acontecía se sustraía a cálculos y medidas. Aparecía y desaparecía por doquier de manera endiablada, trastocando el mundo incansablemente.


*


…tampoco conseguía comprender qué había sucedido durante el concierto. ¿Cómo podía haber sentido físicamente la música? ¿Por qué la había notado colear entre mis tripas igual que una serpiente bailarina y revolverme por dentro con esa violencia? ¿Por qué no me había limitado a oírla en vez de vivirla así, orgánicamente? ¿Acaso era posible experimentar la música con todo el cuerpo, como el sexo?


*


Y reía, reía sin cesar. Como si la vida fuera juego solamente, como si a ella no le afectasen las trampas contra las que yo me estrellaba a todas horas, como si para ella no rigiesen las mismas leyes que al resto nos maniataban. Pensé que estaba loca. Una de dos: o era una especie de diosa o estaba loca. De cualquier modo, yo la amaba.


*


La semana santa…  La visión de vírgenes, crucificados y penitentes, me puso de un genio espantoso.
Yo no quería creer en nada, ni siquiera en mí mismo; yo quería experiencias. Necesitaba sentir el mundo, convertirlo en un laboratorio donde poner mi vida a prueba.
…decidí… …esperar en la playa hasta que la tempestad escampase. Allí, al abrigo del mar, existía un refugio inatacable, donde Dios nada podía. Y no hacía falta creer en el mar. El mar no exigía obediencia, no exigía sacrificios. Bastaba con desnudarse y meter un pie…
…una vivencia grandiosa, que ninguna fe alcanzaría jamás a suplir.


*


…nos plantábamos en Amsterdam prestos a efectuar una cata exhaustiva de cuantas modalidades de cáñamo nos propusieran los suntuosos menús de aquellos establecimientos que el pacato estado español prohibía porque sí, por simple maldad, no fuera a ser que a uno le diera por experimentar que sentir y pensar eran lo mismo…


*


Sé que es algo bueno, algo hermoso… ¡algo de verdad!, y no estoy dispuesto a renunciar. Amarte me hace mejor… Créeme, con amarte me basta. Nunca te he pedido que te enamores de mí; no te exijo nada a cambio. Sería un egoísta si lo hiciera. ¿Qué clase de amor sería el mío si sólo te lo diera al recibir el tuyo? Un sentimiento así sería mezquino… Yo no quiero ser mezquino…
Podemos amar un paisaje, una puesta de sol, un poema, un cuadro, una sinfonía… y no necesitamos que nos amen. Los amamos por sí mismos; nos da igual cómo se comporten con nosotros. Entonces, si somos capaces de amar un millón de cosas simplemente porque existen, ¿por qué con las personas tiene que ser distinto?... Quiero ser capaz de amar así… No quiero amarte de otra forma.
Mientras te ame estarás conmigo… Amarte será suficiente.
No amo únicamente tu belleza o tu inteligencia… ¡Amo sobre todo tu libertad! ¿No entiendes que lo que estoy intentando es aprender a ser como tú?



Entreverados fragmentos entresacados de la novela PANTANOSA
de Francisco Miranda Terrer
Ediciones Libertarias, 2010 


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No me importa morir esta noche (I)

    
     Me asaltó una noche al teléfono mi querido maestro y amigo, el poeta José María Álvarez, para hablarme de un joven escritor que vivía por las playas cercanas al Mar Menor, y que esa misma noche, en esos precisos momentos en que hablábamos, había ido a visitarle a Villa Gracia -la misma experiencia alucinante que yo viví hace ya años la estaba viviendo él ahora mismo-.

     Quería ponerlo en contacto conmigo -nos debió ver almas gemelas-, le había estado hablando de mis huesos y de mi "pasión poética y vital", como él dice. Álvarez suele decir que yo soy "inoxidable". 

     En fin, me decía que teníamos que conocernos, que el chico "pertenecía a nuestro mismo mundo" (esto me emocionó profundamente, y desde ese día no puedo quitármelo de la mente: ¡Álvarez y yo en el mismo mundo, en el mismo saco! ¡dioses, quiero morir en ese veneno!). Que merecía la pena, y que su primera novela, PANTANOSA, me iba a gustar muchísimo. Que a él le había gustado -y, claro, cuando algo le gusta a mi maestro pasa a ser "material de trabajo" para mí, ipso facto-.


Así que le dio todos mis datos, todos mis sacramentos, para que se pusiera en contacto con este indomable del Norte. Y a los pocos días recibí en mi queridísimo y generoso buzón de correos un ejemplar de su libro.

     No se trataba de una novela al uso. No narraba casi nada que acaso yo mismo no hubiese vivido en mi primera juventud. Sólo que el tipo en cuestión "sabía escribir". Estaba yo, esta vez sí, ante un escritor total. Porque dicha "novela" era lo que se llama -ya he hablado en alguna otra ocasión de este tipo de libros que a mí me seducen de inmediato-, una obra total, con todas las letras. Un compendio maravilloso de Diario o dietario (como dicen los catalanes), ensayo, crítica literaria, crítica social, filosofía, política, narración de experiencias sexuales y alucinógenas con todo lujo de detalles, etc, etc...

     Me gustan los libros que "tiran" de mí. Y ese libro, PANTANOSA, del novelista mediterráneo y marino mercante en alta mar, Francisco Miranda Terrer, ha estado "tirando" de mí, hacia arriba y hacia abajo, durante casi un mes, en una lectura lenta pero a la vez enfebrecida, me ha estado corroyendo por dentro, haciéndome reflexionar -cosa que odio, buuufff... qué pereza me da a mí reflexionar, con  lo bonito y lo fácil que es simplemente emocionarse con las cosas, dejarse llevar,  el "ama, bebe y calla, lo demás es nada", que decía el bueno de Khayyam. Me ha violentado, me ha incomodado ese endiablado libro, PANTANOSA. Me ha tenido ensartado durante días y noches, como hacía con sus víctimas Vlad 'el empalador', y me ha hecho plantearme mil cosas que tenía yo ahí dormidas, adormecidas, apalancadas dentro de mi mente.

     Además el trabajo que hace Paco Miranda Terrer en este libro es impresionante. El trabajo de recuperación cultural. Su entrega maravillosa a la Cultura. La honda, la de verdad.

     Y luego está toda esa sinceridad que despliega a cada paso y que me abruma. Y esa sabiduría de la vida que pretende y que consigue, que atesora extrañamente para su juventud temprana, y que a mí personalmente me empequeñece, porque casi ridiculiza la mía, la que yo pueda acaso tener para mi edad.

     Novela ésta de iniciación a la vida de poeta o de escritor, a la búsqueda de la verdad. Reproduzco aquí como siempre, y con el consentimiento del autor, varios fragmentos del texto en un par de entregas.


***




Casi puedo ver mi vida de cabo a rabo… Veo que casi siempre he estado solo, y que lo más seguro es que el resto de mi vida lo siga estando.


Me parecía haber sido iniciado en una suerte de revelación cuyo sentido último era incapaz de desentrañar.


Don de la ebriedad… confirmó y completó el descubrimiento sin resquicios, de un modo absoluto: hasta entonces yo había desperdiciado estúpidamente mi vida lejos de los libros.
…años —pesados como lápidas— durante los que no había hecho sino deambular a tientas por el mundo, ciego, muerto en vida.
…los libros me proporcionaron el consuelo de reconocerme…


Eso que yo pensaba que era la vida, eso que me habían hecho pensar que era la vida, no sólo se me aparecía ahora desproporcionado de todo valor, sino que resultaba un obstáculo de proporciones gigantescas que sellaba cualquier grieta por donde pudiera filtrarse el más mínimo aliento de verdadera vida, de esa vida que yo tenía forzosamente que vivir…


Claudio Rodríguez lo había visto y desde sus poemas yo lo vi. Aquellos versos resonaban transparentes en mi cerebro, podía ver a través de ellos como en un arroyo cristalino.
Por primera vez, en mitad del derrumbe, la vida se me ofrecía con toda su belleza.
Celebraba cada verso, cada brizna de aire y cada imagen de la noche con una alegría inefable.
Cada noche asistía a un milagro que nadie podía arrebatarme; en él me alejaba de la rabia y las mentiras que de día me imponían los hombres.
La lectura parecía haber activado en mi sensibilidad y mis pensamientos un resorte que, una vez puesto en marcha, desvelaba la belleza del mundo y me la brindaba como una experiencia absoluta…


…muertos me parecían estar el resto de los hombres a mi alrededor, sin libros.


La universidad resultaba una suerte de mezcla entre la fábrica y el cuartel donde cualquier pretensión de alcanzar la sabiduría era eliminada sin contemplaciones desde el primer día. No íbamos a culminar nuestra educación, no íbamos a ser más sabios, no íbamos a formarnos como seres libres, sino como soldados para un ejército de trabajadores.
…me parecía una vejación intolerable, una estafa.


Me di cuenta de que eran los libros… la fuente de vida de mi libertad, y me pregunté si alguna vez agradecería lo bastante aquel hallazgo milagroso.
Los libros colmaban el hueco de mi ser…
Los personajes de la ficción me parecían infinitamente más honestos y auténticos que la mayoría de individuos…



…mi ferviente anhelo de vida era la causa de mi exclusión.


En la universidad… las clases consistían en un dictado ininterrumpido que los alumnos copiábamos en silencio. La relación era unidireccional. No había diálogo, no había debate…
Ellos discurseaban a toda velocidad y nosotros apuntábamos cuanto decían para luego memorizarlo. A eso se limitaba todo.


Me devanaba los sesos poseído por el vértigo del librepensamiento hasta que, finalmente, me atrapaba el impulso de escribir, y entonces lo atendía abruptamente, sin orden ni remilgos formales, por puro desahogo.
La escritura se convirtió en un ritual que seguía a diario.


El hecho de que la muerte hubiese aleteado en aquella alcoba sin infundirme el menor miedo, podía parecer una explicación suficiente, sin embargo, algo oscuro y extraño permanecía inasible detrás, algo que no averiguaría hasta que no llegase mi hora.
¿Qué impidió a mi madre nombrar la muerte? ¿Qué miedo atávico obligaba al ser humano a referirla con metáforas, o incluso a engañarse con dogmas absurdos para apaciguar su terror?
Mi desprecio por los timadores que… obscenamente, vendían seguridad en el más allá a cambio de sumisión sobre la tierra, se atizó hasta el punto de que el clero pasó a engrosar mi particular listado de sinvergüenzas susceptibles de extinción…


…Escohotado, con una voz grave, que parecía surgir de profundidades abismales, desgranó serenamente, una a una, las perversiones de la política que padecíamos. No era sólo que la justicia del hombre hubiese cesado como criterio de validez legal, ni que los principios jurídicos esenciales resultaran sistemáticamente burlados, sino que los mismos fundamentos del régimen —separación de poderes y estado de derecho— habían sido privados de operatividad real mediante leyes que los excepcionaban de continuo.
Uno no tenía por qué resignarse a la idiotez a la que las leyes pretendían condenarlo, uno podía apelar a su íntima soberanía y desobedecer. Era autogobierno, y no gobierno, lo que los hombres necesitaban.
…manifestó la desazón que le generaba el hecho de que ese anhelo de libertad no encontrase eco en la mayor parte de la gente, que aparentaba conformarse con bien poco y, en ocasiones, hasta despreciarla.
…el corazón se me salía del pecho. Un hervidero de pensamientos bullía en mi cabeza.
…tuve la certidumbre de que acababa de pasar por la experiencia intelectual… más importante de mi vida.


Los estudios de derecho me han causado una impresión nefasta. En la práctica, no constituyen sino un mero instrumento dirigido a justificar la realidad política y masacrar el más mínimo afán de saber…


En ocasiones pienso que para mí sólo será posible la libertad si me convierto en escritor, pero he comenzado a leer tan tarde, he perdido tanto tiempo, que todo lo que voy a tener que pelear para lograrlo se me aparece como una monstruosidad…
…con esta impaciencia que me devora hacia todos los libros que aún no me atrevo a leer, para los que aún no estoy preparado; libros que, sin embargo, necesito enfrentar cuanto antes.


En ocasiones, repentinamente, me ponía de pie sobre una mesa y cantaba los versos de Claudio Rodríguez. “¡NUNCA serenos! ¡Siempre con vino encima!”…

…una verdad incontrovertible: que la locura era, en realidad, una cuestión de grados. Todos los hombres atravesaban alguna vez ese estado. La palabra cordura era un término sin contenido… se definía como por arte de contraste, era una ausencia. Nadie podía estar totalmente cuerdo; si lo estaba, era por estar vacío.


…la honestidad constituía, a mi juicio de entonces, la virtud literaria primordial —y no sólo literaria—…
…los libros no tenían que halagar, no tenían que edificar. Los libros tenían que buscar la verdad, la inextricable, la increíble verdad. En ese destino trágico residía la grandeza del arte y el pensamiento.


Para mí los escritores eran personajes míticos. Nunca terminaba de separarlos de sus obras. En mi imaginación, el autor y sus libros eran una y la misma cosa.


Como solía sucederme con los libros, que cada vez que cerraba uno aumentaba la lista de los que me faltaban por leer, la excursión al museo había sacado a la luz infinidad de pintores aún por descubrir…
Nuestra singladura apenas había comenzado, pero lejos de atemorizarnos, la magnitud de la tarea que teníamos por delante nos puso eufóricos. Igual que era imposible una vida sin sufrimiento, también lo era una vida sin goce.


…resultaba imposible discutir sobre política más allá del maniqueísmo que lo dividía todo en derecha e izquierda y buenos y malos…
…un estado metamorfoseado en Leviatán… había usurpado al pueblo la capacidad nomotética y desplegaba sus tentáculos por doquier con el fin de controlar conductas y conciencias…
…en ocasiones, el solo hecho de escuchar lo que decíamos entre nosotros… bastaba al energúmeno de turno para amenazarnos o incluso agredirnos sin mediar palabra.


Mi vida corría una existencia paralela en los libros. Sólo a través de la lectura conseguía entrever, pálidamente, un sentido en lo que me pasaba.


Encontré un rumbo que orientara mis acciones, una consigna sobre la que no recaía la menor duda. Amaría.
Y no permitiría que nada ni nadie me desviara un milímetro de ese propósito.
Más, ¿qué amar, a quién?  …amaría la libertad, y amaría a cuantos la amasen, por encima de todo, sin reparar en consecuencias, con un amor pleno, incondicional. Amaría la belleza. Amaría la verdad.




…la vida era un milagro… …la eternidad residía en el aquí y ahora y en la naturaleza se encarnaban dioses incontables. Fuera de ella, por sobre la naturaleza, ¿qué más Dios hacía falta? Lo que hacía falta era librarse del miedo a morir. ¡Incluso la muerte era un milagro!


Sentí que ya la vida se me había dado, que había logrado rasgar el velo que la envolvía, y que de esa brecha se derramaban sobre mi cuerpo, desgarrado también, todos sus dones. Y mi cuerpo era alma abierta, desde la médula de mis huesos hasta el último cabello; y no tenía más alma que mi cuerpo.


Entusiasmo, etimológicamente, significa llevar el dios dentro.
Ingenuo, etimológicamente, significa nacido libre.


…la renuncia a las condiciones de la vida burguesa como… un paso ineludible en mi búsqueda de la autenticidad. No bastaba refugiarse en libros y pinturas, era la vida lo que por encima de todo exigía trascender al estatuto de obra de arte.
la vida era arte o no era nada.
…mi único asidero firme, la belleza, comenzara también a resquebrajarse, a desvelarse infinitamente más compleja y huidiza de lo que yo creía.

 
fragmentos de la novela PANTANOSA
Francisco Miranda Terrer
Ediciones Libertarias, 2010

el escritor Francisco Miranda Terrer (Valencia 1976) 

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¿Amar? Sí a todo

   
Me encuentro con mi compinche, con mi compadre, mi compañero, mi querídisimo amigo Luis Miguel Alonso Nájera, en el flamante restaurante gastronómico del remozado e impresionante Palacio Guendulain -una de esas joyas que nos tenían vetada a todos los grises y obedientes habitantes de esta vieja Ciudad del Norte- con vistas a  la recoleta y coqueta Plaza del Consejo con su fuente y su pequeño Neptuno con tridente encaramado, para degustar nuestra comida habitual de los viernes, en que debatimos sobre lo divino y lo humano, hablamos de la vida o de lo que haga falta (hoy el tema parece que se centra particularmente en las series, THE TUDORS y SPARTACUS, combinado también con la agria cuestion de los motivos que al parecer llevaron a la disolución de ASTROLABIO, que Luis Miguel compara con  lo que ocurrió a la muerte de Alejandro Magno y la separación definitiva de sus generales, cada uno por su lado) y filosofamos, no dejamos títere con cabeza y al final, y como siempre, a los postres y cafés y cuando ya el efecto alegre y desinhibidor del buen vino de Navarra va cortando los últimos hilos que nos unen a esta barbarie, acabamos hablando de cosas más íntimas, como el amor o el sexo. En fin, la vida misma. Qué os voy a contar...


Ya os he hablado de este hombre en más de una ocasión: Luis Miguel Alonso Nájera es un tipo muy curioso, una suerte de artista total, un auténtico hombre del Renacimiento habitando entre nosotros. Arquitecto, perdón, doctor en Arquitectura, profesor de interiorismo en la escuela de Artes, cantante lírico, actor de teatro, figurante en Óperas o lo que haga falta, viajero incansable, amante de la Cultura y la vida mediterránea, senador romano en su anterior vida, ilustre  conferenciante, musicólogo y cinéfilo, divertido intelectual, refinado contertulio y elegante poeta. Y no sé si olvido algo. Me da que sí...


Hoy que parece que vivimos tan a prisa que ya no tenemos tiempo ni para sentarnos a hablar, que hemos olvidado lo que significaba para la buena salud mental del hombre mantener una conversación agradable y civilizada  (la gente ya no tiene nada propio que decir, sólo repite una y otra vez lo que escucha decir por la tele) resulta tan reconfortante para nuestra alma fatigada mantener de vez en cuando este tipo de conversaciones  que nos hagan volver a parecer humanos...




*** 



¿Tú le has dicho alguna vez te quiero a alguien? [le pregunto  yo a mi compadre en un momento final ya de nuestra larga conversación de sobremesa, los camareros nos miran inquietos] ¿Crees que es necesario decirlo? ¿constantemente, como lo digo yo cada día, o con una sola vez  cada veinticuatro horas bastaría? ¿Tiene hoy ya sentido, tú crees, seguir diciendo te quiero? O suena ya falso. Alguien me dijo una vez (alguien muy cercano) que no entendía mi forma de usar la palabra 'amar' constantemente. ¿Se pueden amar las cosas? ¿Se puede amar la Poesía? Yo lo tengo muy claro, amigo Luismi. Sí a todo.


*** 



La verdad es que esto del amor es algo tan poliédrico [me va respondiendo el bueno de Luismi], que no sé por dónde empezar. Desde que descubrí, gracias a los reveladores textos de Eduardo Punset, que toda la parafernalia amorosa no es sino un mensaje que la naturaleza ha insertado en cada especie para que tienda a reproducirse ad infinitum, tengo los esquemas un tanto confundidos sobre este tema, el Tema quizá con mayúsculas. Ahora bien, si aceptamos ese origen y aceptamos también que somos especie evolucionada y consciente que ha "sacralizado" sus principios vitales, sigamos pues construyendo lírica sobre este motor de vida.


Claro que sí, ¿quién no ha dicho alguna vez las palabras mágicas? ¿Quién no se ha arrepentido más de una vez de haberlo hecho? Es necesario decirlo porque, si bien es cierto que "obras son amores...", la palabra es aperitivo del festín amoroso, prepara los jugos para digerir esa respectiva comida -en el más amplio sentido de la palabra- que supone la vivencia del amor, y reafirma una seguridad que siempre necesitamos refrescar, aunque a veces esta frase sea doloroso engaño.

Hay que repetirlo... de vez en cuando, que no hay regla fija en esto, ni en casi nada. Ahora bien, hasta del más celestial manjar podríamos quedar hastiados si lo ingiriéramos en exceso, así que también debemos tener cuidado en no saturar de declaraciones amorosas a la persona amada. Más interesante me parece alternarlo periódicamente con unas flores o unas buenas entradas de platea para el concierto al que la otra parte contratante desearía asistir.

Hoy y siempre tiene sentido decir que se ama, mientras sigamos viviendo, mientras el amor sea ilusión y esperanza, mientras queramos reproducirnos físicamente o bien reproducirnos a nosotros mismos como protagonistas de cada mañana que podamos compartir.


Parece que el acto de amar -a la pareja, familia, amigos, animales, naturaleza, objetos que nos acompañan, la palabra, los recuerdos...- sea el más noble que podemos hacer en nuestra vida. Y es así porque del amor surge todo lo que nos enriquece vitalmente, porque el amor está inscrito en nosotros para crear vida, mientras que el desamor anticipa el silencio de la muerte.


Y la Poesía, querido Alfredo, es muy digna de amor -como cualquier Arte- puesto que contiene el amor a la palabra, a la arquitectura de la expresión, a la sugerencia, a la complicidad con el lector que revive en ella su vida real y soñada. Coincido, buen amigo: sí a todo.



Luis Miguel Alonso Nájera y Alfredo Rodríguez, 
perpetrando un extraño experimento lúdico musical en los tiempos de Astrolabio 
(Oroz Betelu, Navarra, Agosto 2007)

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El río de sombra (selección personal) II

Simonetta Vespucci en blanco y negro (foto A. Colinas)

     
   
    Pocos versos de nadie me han hecho sentir a mí más hondo, pocas muy pocas -contadas- veces un hombre (o una mujer) me ha hecho sentir a mí con sus palabras escritas en papel lo que he sido capaz de sentir una y otra vez, "aquello" que he experimentado, leyendo y releyendo hasta la saciedad, hasta hacerlos míos, carne de mi carne, sangre de mi sangre, los versos de Antonio Colinas, los de su obra total, EL RÍO DE SOMBRA

     Versos sueltos de los que pende el símbolo de lo eterno, y que van dejando honda impresión en quien los lee. Escarpados, intransitables para el corazón de quien vive una vida mundana como acaso pudiera ser la nuestra. Enseñoreando el mar como naves de guerra, recobran para el alma fortalezas del desierto.


***




 


aún aquí lame el sol gramíneas arrasadas,
raíces negras, urces, zarzas indomables



*
                                         


                                 ...quisiera
él también penetrar en el misterio



*



viene la noche hasta las piedras,
viene la brisa oscura a acariciar el lomo de las piedras,
blanda la piedra por el beso
con sabor a siglos

(...)
la luz burila limbos en la piedra


cueva en Lucillo, León (foto A. Colinas)


*



y en los cielos enamorados
de nuestra adolescencia
que nunca más veremos



*



Pobre de ti, estás ansioso, enfermo,
y, a cada instante, oyes a tu lado
la engañosa palabra realidad



*
 


Aquí tocas la médula del mundo
en la soledad de las piedras astilladas
(...)
Es el miedo a la muerte quien detiene tus pasos



*



La sombra crea un río dulcísimo de sombra



*



Dichosos sois, ya que le dais la espalda
a la nueva barbarie y apuráis
el año en armonía con la tierra



*



quiero ponerte aquí,
al lado de los días de la isla,
al lado de estas páginas
que escribí con la luz



*



Oscuro oboe de bruma: cómo sepulta el mar
tu solemne sonido que despierta a los muertos.
Aquí, en esta ladera que cubre el olivar
sangre y labio repiten musicales conciertos.



*



Y, como los delfines, saltaban de la mente
nuestros mejores sueños del amor de otros días
en países lejanos, ceniza de las brasas.



*



...en el umbral del bosque
último, tras el cual cielo y mar sólo había. 




*



...¿Y cuál es la escritura
absoluta del hombre cuando va a morir?



*



Y, allá arriba, iba ardiendo como en luz de oro el mundo,
los siglos que ya han sido y aquellos que serán.



*



Cuerpo de la mujer, milagro de los dioses, 
¿de dónde llega hoy tu mensaje de hoguera...



*



la palabra o veneno con que el hombre conjura
su condenada vida, la poesía...



*



Respiraba muy lento, pues me habitaba
una ciencia absoluta, esencia del gran Todo.



*



pierdo el conocimiento y, al perderlo, lo adquiero



*



El dolor se abre paso en mí como una náusea



*



Arrastrado por el curso de los astros,
en una sucesión infinita de noches,
inmenso es el silencio,
el vacío del mundo.



*



nieva sobre el almendro florido



*



Llamas negras se escapan del cerco de los labios.
Y son los labios urnas en la noche.



*



Habla, diosa, a través de las hojas del encinar,
enciéndeme, envía tu embriaguez



*


                                
                              ...Tu voz, como un relámpago, violeta, 
quebraba el muro negro de la más negra noche, de la noche
que estaba más allá de la noche, para entreabrir en él una nueva aurora...



*



¡Quién pudiera, otra vez, ser sólo niño,
manantial renaciendo en lo secreto!



*


                                
                            ...siempre habrá
esa voz de los otros corroyendo
la voz de los poetas...



*



El poeta ha aliviado mis heridas
El verso es la palabra que redime.


el poeta Antonio Colinas, en la cima del Castro de Las Labradas, Junio 2010

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