Jordi Savall makes me happy


Jordi Savall me hace feliz. Muy feliz. Aparta de mí por momentos esa turbación que ensombrece nuestra vida. En gracia a que su Música, su manera de interpretar la Música Antigua que recupera para nuestros oídos, lleva en sí la Poesía tan bravamente como la Vida.

Lo descubrí hace tiempo. Él fue quien me condujo hasta el extraño y olvidado compositor del barroco italiano, Biagio Marini. Me fascinaron sus raros sonidos ancestrales, extraídos de ese instrumento maravilloso, tan dificilísimo de tocar, y de preciosista nombre, la viola da gamba. O de ese otro instrumento de melancólico sonido, reservas por el amor de las nueve Musas, de cuerdas pulsadas, el laud.

Me atrajo también Jordi Savall hasta la música del compositor del barroco francés Marin Marais, al que tampoco conocía; o al inglés John Dowland, cuya música ya es la Maravilla. Esplendorosa y elegante.

Jordi Savall es un investigador nato, un recuperador de la Música Antigua, Medieval, Clásica, del Renacimiento, Barroca, Árabe, Judia, Hispana... Pero además es un virtuoso de los instrumentos que tañe, un intérprete genial. Su trabajo es desde hace años incomensurable.

Lástima que los Cd's que tan prodigiosamente edita sean tan caros. Yo los adoro. Amo desde su formato -en digipack de lujo, con libreto interior interesantísimo-, hasta la última nota grabada en el disco. 


Esa Música, dios, esa Música me transporta de veras,  cuando todo a mi alrededor hace presentir lo contrario. Crea en mí el clima propicio para la ceremonia diaria de los versos. Restablece mi favor por la Poesía. Nadie entra así en mí, nadie como Jordi Savall. De su Música pende el símbolo de lo eterno. Lo ungido con el óleo sagrado.

Y puedo afirmar que ya no sé leer poesía ni menos escribirla sin Jordi Savall de fondo, tendida su Música en el ambiente, tocando esos instrumentos de cuerda extraños, como de Otro Mundo. De notas escarpadas, intransitables en su belleza,  que a través de poemas llegan a mí, hasta las fronteras del territorio de la mente, más allá del cual nadie ha explorado. El caso es que lo necesito como el aire, como las cosas de este mundo que no me han sido concedidas.

Por ello tengo en la discoteca de casa varios Cd's suyos (ya no me los descargo de internet, ya me aburre el burdo pirateo virtual), necesito tener el disco, ese lujo, físicamente, tocarlo, individualizado para mí, por lo que pudiese ocurrir -ya nadie lo sabe, nadie confía en nadie-, por si hubiera que salir algún día por patas con lo puesto de casa, poder llevármelos a Calípolis, tierra de artistas, ciudad ideal que sólo a los poetas nos espera. Toda su solemne grandeza, traída de la Edad Antigua.

Que su Música excelsa, sublime, de una belleza fina y delicada, no se pierda en la nada hueca, fría, absurda e informe de un vulgar mp3. Que así sea, mientras esta tierra que habitamos los poetas permanezca todavía bajo las humaredas de los incendios, de las criminales tropelías del Mundo. Que sea algún día en nosotros la Música de Savall testimonio de lo que fue la vida apasionada, incansable y alegre del poeta.

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Del pensamiento inspirado



Hay una obra monumental del poeta Antonio Colinas que ha pasado prácticamente desapercibida para el pequeño gran público de la poesía, e incluso para buena parte de los que nos consideramos amantes de su Obra. En el caso concreto de este lector que os habla, esa Obra es caballo de las olas, imponente fortaleza para mí, donde siempre encuentro resguardo, cobijo en horas de soledad y recogimiento.

Se trata del compendio de ensayos, artículos, prólogos y conferencias escritas, publicado en dos volúmenes, bajo los auspicios de la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, y que lleva por brillante título DEL PENSAMIENTO INSPIRADO.

Amigos, os lo recomiendo como una joya reluciente en ese botín del mundo que yo me llevaría a la fabulosa isla de Tule al acabar mis días. Es un trabajo inmenso y generoso, un work in progress en toda regla, una obra a lo largo del tiempo, que fue saliendo a la luz poco a poco, como un conjunto monumental durante años, desde la pluma brillante e inteligente del poeta leonés, y que fue recogido por fin en el año 2001 -desde mil sitios en que yacía desperdigado- por los hijos del poeta, Alejandro y Clara Colinas, dentro de lo que supondría un trabajo de magnitudes gigantescas.

La Obra recoge, hasta la extenuación, gran cantidad de conferencias, artículos periodísticos, ensayos literarios, prólogos y pensamientos, que Antonio Colinas fue entregándonos desde los años 70' y hasta principios del nuevo milenio. 

Decenas de nombres importantísimos de la Literatura Universal van desfilando, en un tour de force impresionante, por las páginas de ambos volúmenes, que están a su vez divididos en cuatro partes, que llevan como título, SÍMBOLOS DEL ORIGEN, ONCE CLÁSICOS DE EXCEPCIÓN, TESTIMONIOS DEL ESCRITOR Y DEL PENSAMIENTO INSPIRADO.

Ante Obras así, de tamaña envergadura, de tanta altura y vocación literaria y humana, uno se empequeñece, le entra a uno como lector una especie de síndrome de Stendhal, con vahídos incluso, en el que el enriquecimiento cultural y el placer del alma se aúnan en la lectura. Haciendo que uno ya no vuelva a ser el mismo después de sumergirse en tan oceánica Obra, si es que es capaz de "enfrentarse" a los dos volúmenes por solaz y placer, para entrar a resguardo de los fríos vientos que nos asolan por ahí.















A MODO DE PRÓLOGO

He sido siempre fiel a no levantar un alto muro entre creación literaria y vida, por ello las consideraciones que yo pueda aportar a este prólogo deben ser obligadamente de índole personal. Me refiero a que, mientras elaboro o recopilo los ensayos de este libro en la primavera del 2001, reparo en que hace exactamente treinta años —en la primavera de 1971—, comencé a colaborar de una manera constante en los medios de comunicación españoles.
        
      De la primavera de ese año de 1971 es, por ejemplo, un artículo sobre Bécquer que publiqué en el diario Madrid, periódico de tan señalada memoria, y algún otro en la revista Ínsula. A continuación —estaba yo viviendo ya en Italia—, reanudé mis colaboraciones en ese mismo periódico, que sobre todo consistieron en una serie de significativas entrevistas con escritores italianos, o que se hallaban en Italia. (Recordaré, entre los más llamativos, mis encuentros con Eugenio Montale, Pablo Neruda o Ezra Pound).
        
      Treinta años, pues, se cumplen ahora de comunicación con periódicos y revistas, aunque ya antes de esa fecha de 1971 hubiese yo iniciado mi modesta y juvenil colaboración con algún otro medio, como El Adelanto Bañezano, el semanario de mi ciudad natal. Creo que es del otoño de 1962 el primer artículo que publiqué en él y que nacía de una noticia de aquellos días: la muerte del poeta Leopoldo Panero. Fue la poesía la que impulsó muy tempranamente —tenía yo entonces sólo 16 años—, mi primer artículo. Sin embargo, como ya he dicho, es la fecha de 1971 la decisiva para mí como articulista y ensayista.
        
      Enseguida debo explicar también el calificativo de inspirado, que yo le aplico al pensamiento de que se escribe en las páginas que siguen; pensamiento que es no sólo el de los numerosos autores que he amado y, en algunos casos, por los que me he sentido muy influido, sino también mi propio pensamiento. Se da, por tanto, en los textos que siguen una simbiosis, para mí muy querida, entre el autor que se lee y el autor que escribe; simbiosis que no siempre es fácil reflejar; simbiosis que me lleva a rehuir tanto la seca erudición como un subjetivismo que remonta los límites de lo que solemos reconocer como artículo o ensayo.
        
      Sin embargo, cuando hablo de pensamiento inspirado también me estoy refiriendo a un tipo de artículo o ensayo que rompe con el férreo dogmatismo de los géneros; es decir, que participa también de las características de otros géneros, como la poesía. Hay, pues, una base de raíz poética en casi todos los textos que el lector va a leer. También subrayo que el texto inspirado remite a un tipo de saber que va a contracorriente y que, por tanto, bien podríamos calificar —por aplicarle un nuevo y apresurado calificativo—, como heterodoxo. Si el lector repasa el índice de estos dos volúmenes verá que los autores, libros y temas en él contenidos aluden a un tipo de ser, de pensar y de escribir, a contracorriente. Y, precisamente por ello, heterodoxo.
        
      Juan de la Cruz, Giacomo Leopardi, Carl Gustav Jung, María Zambrano, son algo más que grandes maestros del pensamiento universal. A la vez, estamos ante verdaderos paradigmas del pensamiento a contracorriente y precisamente por ello —aunque perseguidos, marginados o cuestionados en su tiempo—, son hoy faros luminosos que imponen su verdad, sus grandes hallazgos.
        
      De la misma manera que se da esta originalidad en determinados autores que amamos, también se puede dar en muchos de los temas aquí recogidos. Así, escribir sobre el pensamiento primitivo oriental, sobre la mística universalizada (la expresada en sus diversas corrientes), de cierto lirismo inspirado y radical o de lo que entendemos por pensamiento de la “nueva era”, nos pone también los límites de lo que no es manido y usual, de un tipo de pensamiento no sometido a lo “noticiable” o a los grupos de poder cultural y a sus “productos”; en definitiva, de una manera de pensar a contracorriente.
        
      No faltan tampoco, a la hora de desarrollar temas sugestivos y eternos, aquellos que poseen una fuerte carga simbólica. Me estoy refiriendo a temas como el mito, el jardín, el viaje, el espíritu mediterráneo o la poesía. La visión de temas como éstos también responden a una visión no tópica, universalizada, como otros más concretos que hacen referencia no sólo a lo estrictamente literario sino también a la función social del escritor o del traductor, e igualmente a los temas medioambientales. Hacia estos últimos he mostrado, desde hace muchos años, una grata (y útil, y necesaria) inclinación.
        
      He comenzado diciendo que nunca pude separar la creación literaria de mi vida, y que como vía de conocimiento concebí sobre todo esa creación. Ahora es el momento de decir que tampoco he podido separar nunca la literatura de otras formas de conocimiento como pueden ser la filosofía, las distintas religiones o la ciencia. El “todo es uno y todo es diverso” platónico y el “microcosmo que influye en el macrocosmo” de los sufíes, siempre resonarán como reglas de oro en las mentes de quienes deseen sentir y pensar —comprender el mundo— sin soberbia intelectual o sin sectarismo localista o excluyente.
        
      Hasta ahora he hablado de artículos y ensayos al referirme al contenido de este libro, pero me he olvidado también de las conferencias o de algunos prólogos que van en la primera parte del mismo. La conferencia escrita no es otra cosa, para el escritor que hay en mí, sino un ensayo dicho en voz alta y generalmente desarrollado con amplitud. En muy pocas ocasiones me he decidido a dar una conferencia sin tener el texto escrito delante de los ojos; entre otras razones, porque el que da esa conferencia es un escritor; y como escritor deseo, ante todo, que quede expresado mi pensamiento con el estilo más duradero y preciso.
        
      Viene, pues, este libro, a sumarse a algunos otros míos —estoy pensando, sobre todo, en El sentido primero de la palabra poética (1988), Tratado de armonía (1992), Sobre la vida nueva (1996) o Nuevo tratado de armonía (1999)—, que pretenden ser algo más que ensayos. Constituyen, sobre todo, un testimonio muy útil —ideal, diría yo— para valorar el conjunto de mi obra, especialmente la poética. Quiere ello decir que en los textos que siguen —respondiendo a temas y criterios muy objetivos—, hay también una semilla de creatividad que es la que los fertiliza y les dará —eso espero— un valor de permanencia frente a ese otro tipo de trabajos, más provisionales, que elaboramos por razones de compromiso o de urgencia, o al hilo de lo que fue noticia.
        
      No deseo terminar sin mostrar mi profundo agradecimiento, de manera muy sincera, a la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León. También a Caja Duero, por su generosa colaboración.
        
      Tampoco quiero ignorar que este libro se edita en la Comunidad en la que nací. El lector podrá apreciar en algunos de los trabajos que siguen —“Los símbolos originarios del escritor” o “Un discurso en Castilla y León”, por ejemplo—, de qué manera la propia tierra está presente en el latido del escritor que hemos llegado a ser. Me refiero, claro está, a esa tierra que, para el que sabe contemplar, resume a cada momento en lo más local lo más universal.
        
      Agradezco, en fin, a mis hijos Clara y Alejandro la colaboración que me han prestado en la ordenación y en el trabajo complementario de este libro.

A.C.
Salamanca, junio de 2001
       

A MODO DE PRÓLOGO
Antonio Colinas
DEL PENSAMIENTO INSPIRADO
Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 2001

Antonio Colinas o la palabra poética plena

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loca obsesión la mía


Creo que me he enamorado de Cecilia Bartoli, y ha sido escuchándola cantar música barroca. No la conocía, no, lo confieso. Que la he descubierto hará bien poco -cómo no, leyendo meses atrás los interesantísimos Diarios de don José Luis García Martín. 

Y tiene razón ahí en lo que dice Martín (como le gusta a él que le llamen): en la realidad no es tan guapa como la sacan en las fotos de los discos. Ya se sabe, hoy día, los maquilladores y fotógrafos de moda y belleza son auténticos artistas visionarios. Capaces de hacer que alguien no muy agraciado por los dioses en el caprichoso sorteo primigenio de la belleza luzca como hermoso a nuestros ojos atónitos.


Pero no es sólo su físico excesivo lo que me atrae. Yo creo que ni siquiera es guapa. Es..., como diría yo... ¿vamos a decir resultona? Tiene algo, sin más..., pero yo me he enamorado. Loca obsesión la mía, de aparente calma.



Vi un dvd suyo en Venecia, CECILIA BARTOLI A PORTRAIT, creo que se titula -en el que hablaba de su vida, acompañada de su madre, que es también su profesora personal y antigua mezzosoprano como ella por lo visto-, y me enamoré, por los conjuros de alguien. Es esa risa suya contagiosa a manos llenas que tiene. Excesiva, provocadora, que me sedujo al instante, sin parecerme bella. Artesanía mediterránea.

Y esa voz..., dioses, esa voz como de Otro Mundo. Consagrada al placer del Ocio del poeta. Alivio de nuestras fatigas. Renovada y embellecida la Voz de la Bartoli, entona un himno a Dioniso, dios del vino. Vino que pudiera beberse en abundancia de sus pechos. 

Me vuelve loco cuando la escucho cantar. Es su Voz la victoria en los Cuernos de Hattin. Por esa Voz fuera yo custodio de la vera cruz, henchido de soberbia. La imagino recostada conmigo en lujoso lecho, disfrutando de su alegría, antes de caer en la embriaguez o el sueño. Por romper el cerco.

 Cecilia Bartoli (Roma 1966) y su Voz, rio de las aguas de Oro

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la obra total


 
          Me gustan los libros-compendio, los libros-obra total (cajón de sastre, diría algún crítico maligno), como aquella obra total a la que decía aspirar Juan Ramón Jiménez, esos libros maravillosos que lo contienen todo, especie de enciclopedias, que pretenden quizá contener la vida entera de un hombre, donde se llenan las bodegas de preciadas especias: 
poemas (si no hay poesía no hay vida), diarios inéditos, ensayos poéticos, notas dispersas, críticas literarias, crónicas viajeras, qué sé yo..., todo lo que se le pueda ocurrir a uno y que quepa en un libro, para invernar en este paraje. Con tal de que no se trate de rollos ficticios o noveleros o novelísticos o paranoias extrañas de la mente, que nada me interesan y mucho me desagradan.
          Que sea Vida, una "novela" de la vida de un hombre (o mujer) -como diría García Martín-, durante un determinado periodo más o menos amplio de aquélla, o que podría también incluirla toda. Amuletos y talismanes de zafiro, rubí o diamante, si ese hombre es un inmenso poeta. Piedras engastasdas en el Oro de la vida, si son versos sus palabras. Palacios elevados.
          El caso es que disfruto ahí como un enano burlón. Y lo quiero saber todo, amigos. Entro ahí, y si no lo acabo sabiendo todo del autor en cuestión y sus aledaños no paro hasta conseguirlo. Me dejo llevar. Me reconozco a mí mismo en pequeños detalles de su vida o de su obra. Me siento en plena conexión con el mundo privado de ese escritor. Mantia de los espíritus. Me convierto en una especie de licántropo o asesino de la luna llena, que quiere tomarlo todo. Devorarlo.

 
 

          Normalmente suele tratarse -me refiero a dicho autor de la obra total- de un poeta que está de vuelta ya de todo, que quiere hacer en ese libro total borrón y cuenta nueva en su vida. Estibando en sus bodegas o en los ricos manantiales de tierra que brotaron desde tiempo atrás en ella. Empezar de cero, y a otra cosa mariposa...
          En esos libros busco nuestra raíz común y más antigua. La que misteriosamente nos une, a todos los que estamos en esto de la Poesía, en una tela de araña, como decía Álvarez en aquel prólogo maravilloso que me hizo. Desentierro los restos de Troya... y encuentro sellos de oro.
          Estoy hablando de libros como LIBRO DE LOS MÁRGENES, LOS DECORADOS DEL OLVIDO, AUTOBIOGRAFÍA SIN VIDA, AL OTRO LADO DEL ESPEJO, DEL PENSAMIENTO INSPIRADO, CIVILIZATION, TRES TRATADOS DE ARMONÍA, MEMORIAS DE ULTRATUMBA, DÉBIL ES LA CARNE, AÑOS DE PENITENCIA, UN TIEMPO QUE NO PASA, EL VIAJE HACIA EL CENTRO, EL RÍO DE SOMBRA, MEMORIAS DE CASANOVA, LOS AÑOS CONTADOS, LA RUTA DE OCCITANIA, BIBLIOTECA CIRCULANTE, DIETARIO DE GIMFERRER, ITINERARIO DE UN ESCRITOR, ENSAYOS DE MONTAIGNE, EL ARGUMENTO DE LA OBRA, EL OFICIO DE VIVIR, LOS DIARIOS DE GARCÍA MARTÍN, EL CUADERNO GRIS, PUNTOS CARDINALES, MEDITERRÁNEO-TUMULTOS DEL OLEAJE, RADIACIONES, CAMBIO DE DESTINO, PERROS AHORCADOS, CUADERNO VENECIANO, SALÓN DE PASOS PERDIDOS, MEMORIA DEL FUEGO, ESENCIA Y HERMOSURA, FICCIONARIO, y alguno más cuyo título ahora olvido, que me perdone su autor...
          No sé, me encantan ese tipo de libros, me gustaría tanto alguna vez escribir yo también algo así (ya sabéis, esto de la literatura tiene para el lector entusiasta mucho de querer sentirse protagonista, es inevitable, va en la esencia de cada poeta), me envuelven en su tela de araña, son mis conjuros para llamar a los espíritus, aquello que más debemos estimar y tener y cuya mordedura sólo se cura con la mandrágora.


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Alvarez's blues





Cuando hice pública —necesitaba hacerlo, era demasiado bueno, demasiado maravilloso lo que me estaba ocurriendo, lo que estaba viviendo, y quería compartirlo, hacer partícipes a los demás, a los poetas amigos, de esta alegría y encantamiento— toda esta historia maravillosa que me había sucedido (y que me sigue sucediendo hasta hoy y espero que por muchos años, toco madera) con el genial poeta José María Álvarez —que hasta tuve la "osadía", incomprendida para muchos, de sacar un libro, mi primer poemario, con ese título tan polémico y que tanta cola trajo, de SALVAR LA VIDA CON ÁLVAREZ— una palabra ajena, un apelativo "cariñoso" me golpeó en la cara, una palabra, lógica por otra parte viniendo de quien venía, que pretendía definir, hacer un diagnóstico rápido de aquella extraña "dolencia" mía:  
-enfermizo, eso tuyo con Álvarez es enfermizo.


 Villa Gracia, Cartagena, 2007



Y empezaron las fuerzas de la Incomprensión a ponerse en guardia y funcionamiento:  
-deja de imitar a Álvarez; 
-estás engullido por el mito; 
-tienes que ser tú mismo, tu poesía es mejor; 
-tienes que "matar al padre para que el hijo nazca"; 
-eso que escribes no es más que una mala copia del original; 
-¿cómo te puede gustar la poesía de ese tío al que todo el mundo odia? si hay una cola de gente que le odia desde Madrid hasta Cartagena (sic); 
-¿Álvarez? ¿y quién es Álvarez?


Yo lo intenté todo durante años
-les hablé y les he estado hablando de Álvarez y de su maravilloso mundo hasta la saciedad, hasta acabar siendo un pelma, el pelma que siempre está con la misma historia; 
-les he fotocopiado sus poemas (pagando yo las fotocopias), una selección mía de sus poemas; les he dejado en préstamo sus libros, cosa que no me gusta hacer, porque la gente se los queda...; 
-les traje aquí al propio Álvarez in person (gracias a mi amigo José Luis Allo, todo hay que decirlo) y les hice su presentación en sociedad en Navarra, en 2006; 
-le acompañé en la Feria del Libro de Pamplona y tuvieron oportunidad de hablar con él. 

 José María Álvarez y Alfredo Rodríguez, Pamplona 2006


Pero nada. Nada de nada. No supieron —o no quisieron— ver nada. No extrajeron nada. Era como si les diera miedo acercarse a él. Como si hubieran visto un fantasma. No le leyeron. Algunos ni siquiera se quedaron a escucharle recitar. Yo les estaba poniendo en bandeja de plata a uno de los mejores poetas españoles de todos los tiempos —la espada de Arturo en la piedra— y ellos haciendo mutis por el foro y/o diciéndome, o pensándolo, que lo mío era "enfermizo". Porca miseria.


 
 Alfredo Rodríguez, París 2009

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Fuego amigo




No hay biblioteca viva de la que no acaben sobrando libros. ¿A qué seguir comprando, a qué seguir escribiendo, a qué seguir publicando? Pero tampoco hay biblioteca de la que no falten infinitos libros. Hay que seguir comprando, escribiendo, publicando.


Hay demasiados poetas. Incluso demasiados buenos poetas. Afortunadamente no tenemos la obligación de conocerlos a todos.


me aburre leer novelas; no me las creo y más allá de las primeras cien o doscientas páginas dejan de hacerme gracia los truquitos técnicos y los juegos de manos literarios.


no todo el mundo se avergüenza de su intimidad, o de algunos aspectos de su intimidad, hasta el punto de decidir que se hagan públicos sólo después de su muerte.


…en la epidermis de un escritor no hay zona más sensible que su vanidad.


Como Borges, nunca salgo de mi biblioteca, pero mi biblioteca está esparcida por el mundo. Vaya donde vaya, allí hay un libro a mi espera.

 
Todos los poetas, si hemos de hacerles caso a ellos mismos o a sus turiferarios, son únicos y están alejados de grupos y capillitas, de ayudas oficiales y de tendencias dominantes. 


...lo de ponerse etiquetas ...es cosa de poetas principiantes o muy ingenuos; el resto no se pone etiquetas: se las ponen. Y algunos se indignan y otros se encogen de hombros. Pero ninguno vende más ni sale más en los periódicos porque le pongan una etiqueta u otra.  



No tendré mucha imaginación, pero domino el arte de convertir lo ajeno en mío y de hacer creíble cualquier fantasía. Podía dedicarme a escribir novelas. Lástima que, por lo general, me aburran tanto.


La vida de poeta es ya demasiado triste y corta y llena de rencores ajenos como para no lanzarse al vacío; siempre nos quedara (…) el consuelo, la red de trapecista de la prosa.


[editor] …dentro de su labor, poner lo más rápidamente posible los libros que publica al alcance de los lectores.


Definición de un mal editor: el que cree que su trabajo termina cuando el libro llega de la imprenta y no cuando llega a las manos de los lectores.


Hay editores a los que no les interesa vender los libros, sino sólo quitárselos de encima.


Mesa redonda por la mañana, mesa redonda por la tarde. (…) Vaguedades, lugares comunes, lecioncitas tediosas, yo me aburro, bostezo, acabo arremetiendo contra los profesores de literatura… Algo quizá no demasiado apropiado teniendo en cuenta el lugar donde estábamos, la Facultad de Filología. (…) Pero es que a mí el aburrimiento me saca siempre el anarquista que llevo dentro.


….los actos literarios (…) Son el reino de la vaciedad grandilocuente. (…) Yo trato de contenerme y poner cara impasible. (…) pero enseguida se me acaba la paciencia y empiezo a replicar, a subrayar inconsecuencias, a poner los pies sobre la tierra y hablar de literatura mencionando libros y autores concretos… Y los que no saben salirse del guión se enfadan muchísimo.


Mis crueldades me parece que no pasan de llamar mal poeta a algún mal poeta.


…este libro escueto y sabio (…) Yo lo he leído en el café del Rosal, junto a la ventana, mirando de vez en cuando los distraídos transeúntes que a su vez se me quedaban mirando. En mis ojos debía notarse la sensación de felicidad, la conciencia de que aquel instante en el que no parecía pasar nada —un café, un libro, una mañana fría y luminosa— era en realidad un milagro, un inmerecido regalo, algo digno de un dios que por error me había correspondido a mí. Literatura: arte de vivir al día, de vivir cada día como si fuera el único de nuestra vida.

 José Luis García Martín en su ritual milagroso de cada día

¡Qué engorro tener que comentar amablemente libros que no te interesan nada! Cada vez miento con más facilidad. Y eso me preocupa.


Con tal de que no me obliguen a leerlo, soy capaz de elogiar desmesuradamente a cualquier poeta. En privado, claro. En público me temo que todavía no he aprendido a mentir.


Sólo los muy tontos se irritan cuando se les alude, no importa si negativamente… El resto lo ve como una forma de publicidad.



…la poesía… nos deja mudos,… nos pone frente a nosotros mismos,… nos revela nuestra miseria, nuestra insuficiencia, nuestra nada.


…cada vez me interesan menos las novelas contemporáneas con pretensiones… De las novelas ahora lo que más me interesa es lo que hay de testimonio de un tiempo al margen de la voluntad del autor… La novela, en su origen, no era más que un pasatiempo.


Para escribir un libro hace falta talento; para criticarlo basta con mala intención.


El secreto está en saber mirar. En no dejar que resbale por el desagüe de la desmemoria, como agua usada, toda la belleza del mundo.


Siempre que lloramos una muerte lloramos también nuestra propia muerte.


Preferir… una recopilación de las inspiraciones del azar a un libro bien estructurado y premeditado. Lo prefiero como lector. También como escritor.


¡Qué tropa los poetas! Siempre desdeñando los honores que se conceden a otros, siempre rebosantes de engreída vanidad. (…) tratando de deslumbrar a un periodista, tratando de demostrar que somos más listos, más profundos y más honestos que nadie. Unos pobres peleles de rutilante calva, eso es lo que somos.

el placer de abrir un viejo libro, leído cien veces, y volver a comprobar que el mundo está bien hecho, por lo menos en algunos instantes.


Por mucho que se haya escrito, la mayor parte de las obras maestras… están siempre por escribir.

…a la gente que no compra libros, no sé por qué, siempre les cojo un poco de manía. A la gente que no compra libros y es poeta o profesor de literatura o crítico literario, claro, no a la gente común. Luego son los que dicen que los poetas jóvenes escriben todos igual y otras tonterías por el estilo.


La única obra sin ningún defecto es la que no existe. No puedo, sin embargo, evitar la impresión de que me paso la vida improvisando, publicando borradores.


En todo verdadero poeta, o por lo menos en todos los poetas que a mí me interesan (y casi me atrevería a decir que en todas las personas que me interesan), la experiencia cultural forma parte de su experiencia cotidiana.
si no hay en sus versos cultura y vida, tradición asumida, recreada y personalizada, no habrá, me parece a mí, nada que valga la pena.



…esos amigos escritores… me admiraban como crítico que elogiaba sus libros (en cuanto les ponía algún reparo, ya empezaban a pensar que quizá habían sobrevalorado mi capacidad crítica).


…como crítico trato siempre a mis amigos con un poco más de rigor que a los demás escritores…


Lo único que me interesa de la vida privada de los escritores es lo que ellos mismos cuentan en sus libros. Desde ese momento deja de ser vida privada para convertirse en un elemento más de su literatura.


…todas mis lecturas fundamentales han sido fruto del azar…


¡Qué extraño mundo el de la literatura! Hasta los que han cobrado ciento por uno se quejan.


El mundo sólo existe para servir de decorado a las historias que cuentan los libros.


¡Qué patético… a partir de cierta edad, el poeta mediocre que pretende lucirse en público! …Entre los treinta y los cuarenta años, todavía hay esperanza, pero a partir de los cuarenta o se es un buen poeta o se calla uno.



…me gusta ser un poeta de incógnito. (…) le he cogido gusto a eso.


suelen caerme muy mal los escritores que no compran libros. No mis libros, claro, sino cualquier libro. Yo no me fiaría nunca del juicio crítico de quien sólo lee, si es que lee, los libros que le envían los autores o las editoriales.


(…) Para poder seguir admirándole había que ir dejando de leerle a medida que iba publicando más y más. Supongo que eso pasa con la mayoría de los escritores.


(…) su poesía me interesa poco, y eso es algo que un poeta nota siempre y no perdona nunca.


Debería quejarme un poco, según es habitual, decir que eso me pasa por estar al margen de mafias y grupos literarios. Debería quejarme, pero no me apetece. La verdad es que estoy bastante de acuerdo con mi destino literario. Un escritor que escribe lo que le apetece no puede luego pretender que todos le aplaudan.
 

(…) ni siquiera envía a la crítica un ejemplar de los libros que edita: parece que van directamente a la nave de las afueras de Sevilla para reaparecer dentro de cien años convertidos en valiosas piezas de anticuario.


¡Qué cosa tan terrible es envejecer, llenarse de odio contra el mundo, sustituir el fecundo caos de la realidad por un punzante puñado de ideas fijas, de ideas como cuchillos sin mango que hacen daño sobre todo al que los maneja!


La inconsciencia, la hermosa inconsciencia que nos permite seguir viviendo, olvidar, no mirar a lo que nos espera.


La música me sirve para descansar de la lectura. (…) Pero no puedo escuchar demasiado tiempo. La música te hace bajar y bajar escalones dentro de ti mismo, y llegas a donde no querrías llegar. (…) 
los libros… al contrario que la música, me sacan de mí y me hacen olvidar…



…en la Universidad se está bien si uno no hace política universitaria y puede darse el lujo, como yo, de renunciar a hacer carrera universitaria.



eso de tener amigos entre los escritores exige demasiado sacrificio (…) 
…la deontología profesional debería prohibirlo…
…para qué quiere uno tener amigos que sólo son amigos mientras dices públicamente que te parece admirable cualquier bodrio que escriban.


No me interesan a mí esas amistades que se basan en el cambalache y la estafa a los lectores. Creo que voy a dar de baja a todos mis amigos escritores. Así me evito problemas.



Hay ya demasiados libros en el mundo (…) …basta haber cambiado alguna vez de casa para darse cuenta…


La palabra plagio se utiliza con excesiva ligereza. Hacer obra propia con materiales no enteramente propios es lo que ha hecho la literatura de todos los tiempos. Es un arte encontrar el material ajeno que mejor nos expresa y es un arte darle un nuevo sentido.



…en el diario conviene decir la verdad, y quizá nada más que la verdad, pero desde luego no toda la verdad. Sería demasiado aburrido. Un escritor vale tanto por lo que dice como por lo que calla.


Me gusta hacer colección de instantes. Por eso escribo… diarios. Siento que estos momentos se pierdan para siempre.



FUEGO AMIGO 
José Luis García Martín 
 Llibros del Pexe, Gijón 2000

 José Luis García Martín, asomado con inteligencia a la Vida de Poeta

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